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SM ifÜ- SoBaíílS vw TnreW íriB REINAS DE ESPAÑA ESPOSA DBJj BMPBKADOR CARLOS I DB BSPAÑA, V DB ALBMA. NIA El 25: de Octubre de 1503 nació en Lisboa la infanta Doña Isabel, bija del rey de Portugal D. Mantiel y de su esposa la reina Doña María, infanta de Castilla, como bija do los E, éyes Católicos. Educada con oürdadoso esmero bajo la dirección de su madre, que se había puesto por modelo á la suya, fué demostrando las más nobles oualida. des, que se desarrollaron á la par, que su simpática belleza. Veintidós años tenía la noble princesa lusitana cuando las cortes de Castilla, reunidas en Toledo, se la propusieron como esposa al emperador Carlos V, su primo hermano. Aceptó el monarca de buen grtido la proposición, y enviados á Lisboa como embajadores D. Carlos Pezuela y D J u a n de Zúñiga, tan admirablemente desempeñaron su misión, que en poco tiepapo quedaron firmados los contratos y celebrados los esponsales. En cuanto el emperador tuvo noticia del feliz resultado de sus pretensiones, envió á Badajoz lucida comitiva para que recibiese á su esposa. La componían el duque de Calabria, D. Pei nando de Aragón, el arzobispo de Toledo, el duque de Béjar y el de Medina, con gran acompañamiento de caballeros. La emperatriz salió de Lisboa con el rey su padre, que después de recorrer una parte del camino se la entregó á sus hermanos los infantes D. Luis y D. Fernando y al duque de Braganza, que con gran séquito la acompañaron hasta Elvas, donde se encontraron las dos comitivas. Allí se bajó la emperatriz de la litera en que había viajado, y subiendo á una hacanea blanca, dio á besar su mano á los caballeros portugueses y p 6 rm. itió que le fueran presentados los españoles. Terminada esta ceremonia, volvieron á montar en sus corceles españoles y portugueses, formando éstos un semicírculo, en el centro del cual se destacaba la hermosa figura de la soberana, resplaiideciente de galas. Colocáronse enfrente, también en semicírculo, los enviados del emperador, y adelantándose el duque de Calabria con el arzobispo de Toledo y el duque de Béjar hasta donde estaba la emperatriz, la hicieron una gran reverencia, y dijo el primero, según cuenta riórez: S e ñ o r a dígnese V. M. oir á los que somos venidos por mandato del emperador nuestro señor, que es el fin mismo á que viene V. M. T mandó á su secretario que leyese el poder que del emperador llevaban para recibirla; Terminada la lectura, que se hizo en medio de un gran silencio, el duque dé Calabria volvió á decir: -Pues V. M. ha oído, vea lo que manda. La emperatriz hizo seña alinfaíite D. Luis, y tomando éste la rienda de la hacanea, la condujo hasta donde estaba el de Calabria, y le dijo: -Se or, entrego á V. E. á la emperatriz mi señora, en nombre del rey mi señor, como esposa que es de l a cesárea majestad del emperador.