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llena la boca con un nombre, y mañana lo olvida para toda la eternidad. Hablemos, pues, sin temor alguno deFCongreso de la Paz, bien seguros de que mañana ni de la crónica ni del Congreso ha de acordarse nadie. Nada más lindo y coquetón por fuera; nada más artístico y confortable por dentro que el palacio puesto por el Gobierno de Holanda á la disposición de los representantes de las potencias. El Palacio del Bosque -hasta el nombre es poético y un poco cursi si se quiere- -elévase en medio del bosque de la Haya; quince hectáreas de parque muy bien cuidado, con su estanque donde patina en invierno la reina Guillermina, rodean el palacio, cuya primera construcción data del siglo xvii. Fué construido de 1645 á 1650 por la princesa Amelia de Solms, mujer del príncipe Federico Enrique de Nassau- Orange, cuyas hazañas y virtudes en la guerra de Treinta Años quiso eternizar la princesa por medio de lienzos que pintaron los discípulos de Rubens con destino a l a sala de Orange que es donde actualmente se celebra la Conferencia de la paz. Tanto la pintura de la entrada, que es inPALAS DESARMADA EN LOS BRAZOS DEL CZAB De Le Bire geniosísima- -Hércules y Palas abriendo la puerta al genio de la Paz, -como todos los grandes lienzos que adornan el magnífico salón de sesiones, son cuadros de la escuela holandesa donde se pregonan más ó menos disimuladamente las excelencias de la paz, con motivo de la paz de Munster y del consiguiente famoso tratado de Westfalia. Los delegados de las potencias tienen, pues, donde entretenerse. Para comprender el verJadero efecto que causan en la opinión las sesiones de la Conferencia de la paz, baste apuntar el dato de que la prensa satírica es la que con más extensión se ocupa del actual Congreso de la Haya. Los periódicos de caricaturas de toda Europa dedican planas graciosísimas á la Conferencia, distinguiéndose por su criterio escéptico y burlón la prensa francesa, á pesar de que la iniciativa para el desarme ha partido del egregio aliado de la República. Damos como muestra el dibujo que publica Leandre en LeRire, cuyo último número viene casi por entero consagrado al asunto. LUIS ROYO VILLAXOVA