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MADRID SÉ DIVIERTE O, por lo monos, pi ociira liaociio. No es culpa suya ni culpa nuestra si la regeneración y las diversiones nos van saliendo un poco desiguales. Para regenerarni S esti cnamos un Gobierno con dos cabezas, como el águila imperial: paradivertirnos llenamos, cueste lo que cueste, la Plaza de Toros, las tribunas del Hipódromo, los palcos de los frontones, ¡y nada! ni nos regeneramos ni nos divertimos. Esto merece meditarse casi tanto como el arreglo de la Hacienda; meditemos, pui s, aunque sólo sea para que el fr. Villaverde no parezca el único español meditabundo, y ¡ojalá saquemos de nuestras meditaciones más fruto que la Hacienda pública de las de su ministro regenerador! ¡Ole! Esto de ¡ole! lo he dicho porque voy á hablar de toros, y ya es sabido que la afición taurómaca nos obliga á tener constantemente el olfato en la boca. ¡Ole y ole! Suplicando al lector que me perdone ese rasgo de erudición, le ruego también que me acompañe á la Plaza de Toros. Ya está el primer toro en la arena. ¿Pero eso os toro? me preguntará el lector. -Sí, amigo mío, y de una de las ganaderías más renombradas. ¡Pero hombre, si yo tomo todas las mañanas leche do cabras, y al ver eso que usted llama toro se me ha venido el desayuno á la boca! -Pues le felicito á usted por desaj unarse hoy dos v e o s por el mismo precio, pero aquel animal astado que ve usted con los gemelos dentro de la sombra que proyecta un mono sabio, es un toro. ¡Nunca lo hubiera creído! ¿y qué hacen con él? -Lidiarlo. ¡Pobre animar lito! ¡mis valía que le dejaran crecer! -Paes ahora va usted á ver lo bueno. ¡Ya! la mujer del presidente. -No, señor, la muerte del buró. ¡Tan. jovencito y ya so llama buró como el mueblo pr noipal del despacho de un banquero. ¿Se va á morir del garrotillo? -Casi, casi. ¡Ea! ya le está pisando al espada. -Querrá usted decir que el espada le está pasando á él. -No, señor, eso era antes; hoy hemos decidido que los toros sean los que toreen á los espadas. Lea usted todas las revistas taurinas y encontrará en ellas seguramente la frase de moda: el matador, dejándose torear por el toro... etc. etc. ¡Dios mío, y para eso se han casado casi todos los matadores! ¡Qué hiodo de aprovechar el sacramento