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Lo que generalmente se llama la Historia, no lia sido, hasta hace poco, más que la relación de lo que pudiéramos llamar los sucesos políticos y guerreros en las razas y en las naciones. Imperios que nacen, se desarrollan, llenan de luz y de llamaradas el tiempo, y luego se apagan, desfallecen y caesn. Dinastías que siguen la misma ley de crecimiento y muerte de los imperios: olas que suben gloriosas á las nubes, que se precipitan turbias y revueltas en el abismo. Guerras y más guerras; el vencedor lanzando gritos de triunfo; el vencido gritos de desesperación; y montes y llanuras cubiertos de despojos y de sangre como maldita cosecha que el genio del mal recoge. Listas de reyes; listas de conquistadores; listas. de magnates. Y cuando más, un número ó unos cuantos números: ¡soldados muertos, heridos y prisioneros! Relación de cambios en las líneas de las fronteras: la línea fronteriza que un ejército empuja hacia la derecha ó que otro ejército empuja hacia la izquierda en vibraciones de ambición ó de conquista. Pero la Historia es algo más que todo esto. La Historia debiera componerse de muchas historias: todas las del trabajo humano; todas las que trazan á través del tiempo la línea ondulante del progreso y la línea ascendente de la civilización. La Historia tradicional (perdóneseme la frase) conserva los nombres más ó menos dudosos de los primeros reyes en Asia, de los primeros monarcas en Egipto. Pero ¿cómo se llamaba el que inventó la primer rueda y el primer carro? ¿Cómo se llamaba el que incendió la primera tea ó la primera fogata? ¿Se llamaba acaso Prometeo? ¿Cómo se llamaba el que tendió la primera vela? ¿Cómo se llamaba el que abrió el primer surco en la tierra y arrojó la primera semilla? Porque éstos sí que fueron los verdaderos héroes, los verdaderos sabios, los verdaderos conquistadores, los verdaderos sacerdotes, los semidiosés de la raza humana. ¡Qué elocuente sería la historia de cada invento reproducido en todos sus grados; por ejemplo, el de la luz! ¿A quién y cómo se le ocurrió la manera de hacer fuego y encender luz? ¿Se recogieron los restos de un incendio casual y se instituyeron templos y cultos para conservar el rescoldo y avivar la llama? ¿O hubo algún hombre de genio tan prodigioso, de tan maravillosa adivinación, de tal constancia, que restregando madera dura contra madera seca consiguió que su trabajo se convirtiera en llamarada? ¿Y cómo se llamaba, y qué rostro tenía, y en qué forma se elevaba su frente, y con qué, fulgores brillaban sus ojos, y cómo era, en suma, este precursor de las teorías modernas de la termodinámica? ¿Quién fué y en qué región por vez primera nació el hombre prodigioso que hizo saltar la primera chispa del i- a I I ci -w jWís rJ