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LA FIESTA DE SAN ISIDRO E N E L TÍO VIVO- ¡Ole l! s mujeres barbis y las mozas de una pieza, con el tipo fin dj eigle, que es el tipo de las hembras de dieciocho quilates pico! ¡Vaya unas cejas, y vaya uji busto escultórico que trae usté á la Pradera! ¡ííí la hermosa Geraldine, ni la venus Gire toa, ni la Gleo de Merode, la Otero, ni la princesa Caramaiichimay la sirven, á pesar de ser tan bellas, pa espumarla- á usté el puchero! Miá que usa usté desplicencia pa tratar á los mortales que admiran su obra maestra. ¡Y poquito que me gustan á mí las mujeres serias, y que se den importancia y representen la escena del señor Comendador de Ulloa en clase de piedra! JXo hay cosa más rebonita que una mujer circuspeta que arrugue im poquito el cefio y ponga la cara fea y se haga la sorda- muda de nacimiento. Usté sueña! ¿Me permite usté reirme de usté? Tóo lo que usté quiera! ¡Já! ¡já! já! -i Cai ay, qué risa! -Me sale de la ballena del corsé; ¿está usté entorao? -Pues diría cualesquiera que estaba usté haciendo gárgaras con el plumero. Tunela! Pero ¿y á usté quién le ha dicho que yo soy persona seria? ¡El Zaragozano! Dígale que anda mal ds cosas de esas de astronomía. ¡Cariño, si le hablan y no contesta, y hace que estoy con el uso de la palabra hora y media! -Ay, hijo, ¿y tengo la culpa qiie haiga usté comido lengua? -Es qae hay algunos concetos que se escucltan y se aprecian, y la he llamao á usté bonita ya va lo menos la oncena vez, y usté sin inmutarse. ¿Yo? i Que se inmute su agüela! No ha tomao usté poco en serio lo del vedículo, prenda! -Ay, amigo, pocas gracias; mi dinerito me cuesta. ¿Va usté á Lonión? ¡Voy á Chlli! -Ya me escribirá usté á vuelta de correo. -i Quíé 1 lo duda, hijo; pues lástima fuera! ¿Qué iba á ser de usté, Dios mío, sin tener correspondencia de una servíiora? ¡Ole! qYie lo diga usié; por éstas que me ha sido usté simpálica, pero muchismo. ¿Es de veras? -Como lo oye usté. Qué miedo! ¡Qué guasona y qué flamenca! ¡Chist! cuilao cjn el caballo, no se desboqje y me muerda. -No es venenoso. ¿De forma que por lo que usté demuestra soy su tipo? ¡Y mi sultana, y mí odalissa, y mi reina! -Baeno, pare usted el potro y oiga: las manitas quietas, no me obligue usté á decirle que anda usté mal de vergüenza. -Lo que tengo es una viscera pa usté, y aquí una peseta pa que se comí usté el líquido de su valor. ¡Qué rareza! será bebérsele, hombre, que el agua- no son chuletas. -Bueno, pa el caso es lo mismo, y todo lo que usté quiera; lo- que. digo és, que dejemos ambos á dos de dar vueltas, pirque yo me vuelvo tonto y usté cuasi se marea, y vayamos á ofrecerle á San Isidro una vela por haberla conocido yo á usté, el día de su fiesta, y vamos á echar un baile y á comernos dos docenas de rosquillas tontas. -Eso es hablar de otra manera; ¿usté es libre? ¡Gomo el aire! ¿y usté? ¿Yo? ¡como una cierva! -Pues basta ya de rodeos, y pa qué tanta conversa; en cuanto pare la noria saca usté la faldriquera, paga usté el record, nos vamos á donde á usté se la ofrezca, que ya os hora que dejemos ai TÍO Vivo, que molesta. ¡listé sí que os un tío vivo de los pies á la cabeza! -Y usté, joven, un compendio de Filosofía y Letras. A N T O N I O CASERO. fiiBtrjo mt H U E R T A S