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AWv fjyÁWI La fecundidad soberana del ilustre pintor valenciano es uno de los casos TMás admii- ables en la historia del arte, y no le hay parecido en la época contemporánea. T es tanto más de admirar esta cualidad sobresaliente do SoroUa, cuanto que siis obras no son mutuos remodos, como suele ocurrir con los artistas fecundos, sino quo su pincel, al recorrer todos los diversos géneros, nos sorprende cada año con nuevas bellezas, pudiendo afirmarse que mientras este pintor de la luz tenga obras en proyecto, no puede darse el título de mejor á ninguna de las ya laureadas. Siete cuadros presenta en la actual Exposición el autor de Trata de blancas: dos hermosos retratos do mujer; dos paisajes malagueños; un pilluelo ele playa, modelo de gracia y de expresión, comiendo un racimo de uvas, y dos cuadros do mayor empeño, como son Cosiendo la vela y Comiendo en la barca. El primero, donde la luz cao á chorros, como cernida por las hojas. que sombrean en parto el grupo encantador do las mujeres inclinadas sobro la labor, es un cuadro que obtuvo gran éxito en Paiús hará dos años. El segundo, que en orden de mérito ocupa el primor lugar y que es acaso la más genial producción del autor, es una de las obras más notables del actual concurso. En la popa de una humilde y mezquina barca pescadora, el patrón y sus compañeros consumen con envidiable apetito la comida miserable. Él sol está en lo más alto de su carrera; herida por sus rayos, el agua del mar hiere los ojos desde el fondo, mientras que una vela extendida sobre los pescadoros protege al grupo contra la fuerza solar. El efecto de la especial penumbra que envuelvo á los comensales; el contraste de esta luz cansada con el sol que cao á plomo sobre el mar allá en el fondo, que materialmente se dilata en un lejos admirable; las actitudes de los pescadores, silenciosos é indiferentes, sólo atentos á la comida que queda y al trozo qrie se llevan á la boca, son de un realismo encantador. De cuantos efectos de luz ha trasladado Sorolla á sus cuadros, nos parece éste el máá oiúginal y admirable; quizá al público en genei al no llame la atención la sencilla escena, porqu. e al lado dé la realidad también pasaría indiferente; pero el crítico, el amateur, el artista, se olvidarán de comer viendo comer á los pescadores de Sorolla. COMIENDO EN LA BARCA