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LA MENDICIDAD EN MADRID Las notas gráficas de esta información, c iie han, puesto de actualidad los ti abajos que, segúii se dice, realiza la Alcaldía, no hay que buscarlas, como ocurre con otras notas interesantes; ellas solas se vienen al campo del objetivo fotográfico, suoediéndose con tanta rapidez, que si la máquina no fuera instantánea habría ol peligro de reti- atar á los mendigos uno encima do oti- o. Y no son precisamente los más enfadosos éstos que aparecen fotografiados aquí. Ya estamos hechos á los mendigos músicos, á los autorizados por la Alcaldía, á los de puesto fijo, á los inmóviles é hiera ticos, que pegados á las fachadas de los palacios y á los atrios dé las iglesias, son como vivas cariátides de nuestro Madrid monumental. Cada vecino tiene su pobre, cada pobre tiene sus parroquianus, y de esta mendicidad sancionada por a costiimbro nadic. se queja. Lo que sin duda ha motivado las quejas del vecindario y las preooupaciones del r. Alcalde, es MENDIGO DOCUMENTAL! la nubo de menligos que á todas horas y en todos los sitios asalta é importuna al transeúnte, haciéndole marchar niatoivialmente entro baquetas, seguido siempre del niño desarrapado, de la mujer importuna, del mendigo locuaz, que unos á otros so toman al viandante, recorriendo cada cual el terreno que tiene acotado. DJ todas las plagas de Madrid, es ésta la más insoportable. En vez do estimular la caridad la quita, porque la limosna dada á un mendigo hace brotar en ol a; to diez ó doce que exigen otro tanto como cosa pi- opia, y os verdaderamente lastimoso ol espectáculo que ofrece la turba dcsconsidoi- ada cuando asediando, por ejemplo, á una señora que por MENDIGO DE ESQUINA su edad ó carácter no puede ó no se atreve á protestar del atropello, la inquieta y a. íompaña desdo casa á la iglesia y desde la iglesia á casa. Las ventanas bajas de los cafés, cervecerías y otros establecimientos públicos son potros do tortura para ol oonsuinidor; á la puerta de los estancos, de las pastelerías y demás t i e n d a s dé mucho movimiento, la nube negra de la mendicidad madrileña acosa al comprador i- oclaMENDIGO ARTISTA niaudo las vueltas de la pieza de plata, y allí donde hay un remanso de la corriente circulatoria de la población, en las paradas de los tranvías, á la entrada y salida de los mercados, en la puei- ta del Sol, en Goya, al tomar el coche y al dejarlo, donde quiera que salo una moneda hay cinco ó seis manos sucias para pedirla, sin gracia y sin ingenio como los mendigos de otras partes, que, al menos, tienen oso. Nuestros lectores de provincias creerán exagerada esta pintura; los de Madrid saben m. uy bien por triste experiencia que á los detalles apuntados podríamos añadir otros mil recogidos en la calle, á todas horas. LA SIESTA. Fofografin Aürvjo