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TEATRO DE LA VIDA KXv tJXvTIIvIO (Estudio del pintor Alvarez Fuente, muchacho de lhriUantisimo porvenir, y que, serjún los críticos más diestros en el manejo del idioma, ha empezado por donde otros acaban. Alvarez Fuente y su amigo Rodríguez Arroyo, pintor también, estm despachándose mano á mano una jarra de cerveza. Cerca de dios un caballete coi un boceto. ALVAKKZ FUENTE. ¿De modo que te gusta? Dímelo KKIO mucho. Pero, en fin, algo de lo que tú dices que t e pasa con el asunto de tu futuro cuadro, pasará con la cara de la novia, y en ese caso los. ojos de Cachopín abiertos y cerrados serán una especie de cinematógrafo. ¡Las caras que le pasarán por dentro! ALVARBZ FUENTE. -Verás, yo conozco á todos los con franqueza. Ya sabes que en la Exposición próxima me juego todo el porvenir. RODKÍGUEZ ARROYO. -No te digo que me gusta, to digo que me entusiasma. Eso boceto es un cuadro hermosísimo. ¡Qué vigor en el dibujo, qué actitudes más inspiradas, qué fuerza de expresión y qué mancha más justa y más rica! Mira, Paco, demasiado sabes que no soy adulador. Pues bien: el homibre que ha pintado ose boceto ¡os un genio! AIJVAREZ FUENTE. -No fastidioíj. Arroyo; los genios personajes que figuran en mi boceto y figurarán en mi cuadro. Sé cómo se llaman, el carácter que tienen, la postura que adoptan en todos los momentos de su vida; cuando so incomodan, cuando les dan una noticia, cuando se sientan á comer. Hace cerca de un año que vivo con todos ellos, estudiándolos, espiándolos, sintiéndolos. Por eso me ha costado tan poco ponerlos en el lienzo; ¡más qu con el pincel, los he trazado ooií el alma! RODRÍGUEZ ARROYÓ. -No tienes que jurármelo; esa han pasado ya á la historia como esa leyenda dorada que acaba de sufrir tan rudo bata- azo. Yo no soy uñ genio, nada de eso: me ooxitentaría con ser un pintor de verdad. Enfin, toma un cigarro por haberme llamado genio; oso siempre satisface, aunque no se lo crea uno. BODKÍRUBZ AKROYO. -Trae, y no discutamos lo que después de todo puede no ser más que una palabra, i una palabra muy hermosa! genio. ¿Ves? se le hincha á uno la boca. Pues bien: si no eres un genio, tu boceto te acredita á mis ojos de s j r un pintorazo. ¡Cómo lo has sentido, Antonio! AIJVÁEEZ FUENTE. -Eso sí, con toda el alma. He visto esa escena despierto como en sueños y dormido como en la realidad. Una cosa rara. Si cierro los ojos, veo el asunto o nno si estuviera pasando; oon. los ojos ALVAREZ FUENTE. -i Hombre, déjalos en paz abiertos me parece que lo vela la idealidad del enRODRÍGUEZ ARROYO. ¡Cá! ese gustazo no, me -lo sueño. ¿Se ve así á la mujer amada cuando uno está quita nadie. (Deteniéndose delante dd boceto. ¡Maravienamorado? lloso, maravilloso, maravilloso tres veces! jA domani! RODRÍGUEZ ARROYO. -Pregúntaselo á Cachopín en (Sale. el Círculo. Ese ha tenido la mar de novias. Yo no he tenido más novias q u e d o s pinceles. Les declaro mi (El mismo estudio, los mismos personajes de la escena amor cuando dos lavo para que me tomen ley y duren anterior y el maestro Rui- Pérez, Gachupín y Cernudo. espontaneidad, esa frescura, ese vigor y esa gracia de líneas sólo se consigue cuando el pincel va solo, sin que lo sienta la mano. ¡Bal mañana te traigo al estudio, para que vean ese boceto, á todos. los envidiosos de tus pasados triunfos, y al maestro Rui- Pérez, que es tan excelente persona. A todos los envidiosos no, porque no cabríamos aquí; es decir no cabrían ellos. Te traeré á Cachopín, el tenorio de la pintura, que en vez de copiar á las modelos, las encierra; al bizco González, que ve torcidas todas las figui- as do los demás, y al sabio Cernudo, pintor raté y crítico eminente, que rabioso de que pintes tan bien, te llama con desesperada ii onía e? genio. Espéranos de cuatro á cinco de la tarde. Obsequíales con cerveza muy amarga, verás cómo nos reímos. Y ahora ine largo, dunque; hasta mañana, mío caro; hasta mañana, que vendré con las fieras.