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El propio ministro do la G- obei- nasión, al salir de su domicilio oficial, habrá sido asediado no pocas veces por los vendedores del ful; si el gobernador de la provincia quiero quo lo llamen guapo, no tiene m. ás que darse una vuolteoita por esos parajes á cualquiera hora del día, y no digo do la nojhe porque entonces no le dej arían ni dar la vuelta. Para nadie os secreto que los barrios más higiénicos, más Seguros y más civilizados son precisamente los extremos de Madrid, mientras que sin acudir á la estadística, el más desmemoriado recuerda que casi todos los homiioidiüs y asesinatos de resonancia en estos últimos años se han cometido en las calles céntricas. Madrid, como los membrillos, tiene podrido el corazón. Por algo la bola do G- obernación, cuando baja al dar las doce, no lo hace con sonidos agi adables y melódicos, sino con agrio rechinar do herrajes, con ruido de grilletes y de esposas. No tinto alarde, no tanta sinceridad en el vicio, que es donde únicamente la hemos visto hasta ahora. Si el Gobierno ha medido sus fuei zas con la sota de oros y se encuentra más débil que olla, invítela, cuando menos, á que so haga á un lado, dejando libre el paso á las gentes honradas, cuyo tránsito se hace cada día más difícil en esta corte de los milagros, poblada de golfos, tahúres, vagos y mendigos. íy o por apartado será el vicio menor, poro será monos visto, y sobre todo radicará en lugares donde pueda maniobrar, sin pública alarma, la Guardia civil. Ni energía, ni severidad, ni justicia siquiera pedimos al Gobierno. Lo pedimos hipocresía nada niás. Un poco dé hipocresía de la que ha sobrado en las últimas elecciones. Si no existiera el carlismo, habría que inventarlo. Y el invento sería muy gubernamental, ya que los Gobiernos españoles son los que van ganando con estos rumores. Gracias al carlismo, pudo el bueno de T) Práxedes prolongar la censura previa hasta que so cayó de puro madura; gracias á lo mismo, puede el Gobierno actual olvidar sus promesas y evitarse explicaciones, afirmando qiio la pati ia está en peligro y que todos los problemas importan poso ante el horrible descubrimiento de boinas do colores verificado el otro día en las cercanías de Sabadell. Los pormenores del suceso, relatado con todo lujo de detalles por la prensa diaria, son para poner de punta los pelos de un cofre. La autoridad, según un periódico, se ha incautado de varias carabinas 3 municiones carlistas. ¡Cielo santo! ¿Cómo serán las municiones carlistas? Añade quo las carabinas eran nuevas. Menos mal. Sin duda las municiones eran usadas. Pero lo más espantoso del suceso es haberse encontrado en poder de las personas detenidas sendos retratos del Pretendiente con dedicatorias al pie. Bien hace el Gobierno al preocuparse do las recompensas con que ha de premiar el celo de la po ícía barcelonesa, y lo menos que puede hacer os conceder al insi ector la placa fotográfica pensionada. Lo do monos son las boinas, las carabinas y las municiones carlistas, usadas ó no. Un retrato es una prueba mucho más prueba y mucho más positiva. ¿Serán retratos estereoscópicos? Es decir, ¿serán retratos de repetición? ¿Son incendiarias las dedicatorias? Porque en este caso el peligro sería mayor, y era cosa de poner á los retratos fuera de todo derecho de gentes. De buena nos hemos librado. Por fortuna, mientras los ignorantes extranjeros se ocupan en dosoubi ir la telegrafía sin hilos, aquí seguimos descubriendo, como en los mejores tiempos de Pernando VII, boinas misteriosas, fusiles de chispa, municiones y otros peligros de munición. Luis ROYO TILLANOVA ÜISDJOS DE CILLA