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Llena de Inz y alegría, tendiendo al placer las alas, viste sus mejores galas la reina de Andalncia, hoy elegida entre mil por su belleza y primores, y sobre alfombra de flores subiendo al trono de Abril. Del sol los rayos brillantes realce dan á sus encantos, y entre vítores y cantos entusiastas é incesantes, Sevilla, la maravilla de la andaluza región, arca de la tradición, del Betis junto á la orilla, por su fiesta soberana que el mundo entero pregona, de azahar ciñe corona, rejuveneciendo ufana. Á los fúlgidos destellos del astro- rey que la. adora, las alhajas que atesora brillan con matices bellos, y su hermosa Catedral, su regio Castillo moro, su gentil Torre del Oro, su Giralda sin rival, admirando á extraña gente cambian á la luz del día sueños de la fantasía en realidad sorprendente. A su fiesta con afán acude el pueblo gozoso, y resuena en el hermoso Prado de tSan Sebastián inexplicable armonía de músicas populares, gritos, danzas y cantares, ecos de amor y alegría. Y en elegantes casetas, en cien puestos, en el Prado, en el círculo formado con banquillos y macetas, variados tipos y seres de aquel saleroso suelo; muchos ángeles del cielo convertidos en mujeres, mucho color, mucha luz, y un júbilo imponderable bajo aquel incomparable diáfano cielo andaluz. Lejos del placer y el ocio, el labrador que cercado de numeroso ganado va á la feria á su negocio, y el gitano socarrón que sale de sus apuros vendiendo en catorce duros un borrico de cartón. Cuadro tal, que maravilla, inútil fuera intentar describirle ni pintar: hay que admirarle ¡A Sevilla I JAVIER DK BURGOS