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menos fuste, puede ver, ejércitos que se esparcen, por el llano. Y poco á poco se ordenan las variadísimas caravanas; los átomos de polvo vuelven á caer sobre el llano por su propio peso, y cada cual procura hacer su rancho, colocando con verdadero cuidado los ganados qiie le pertenecen. Snéltanse los bueyes y se forman con las carretas tendidas verdaderos aduares; levántanse tiendas provisionales; se amontona el hato, de que forman parte la manta y la alforja que han de servir de colchón y de almohada, y se coloca en el lugar más seguro la bota de vino. Ya el sol abre los ojos y deja caer la lluvia de sus rayos sobre aquel revuelto panorama; los feriantes de la ciudad, más dormilones que los trajinantes, llenan ya la calle de San Fernando ó la de Santa María la Blanca, y engrosan el mar viviente que se agita en el Prado, hermoso cuadro do costumbres y apoteosis brillantísima de la ganadería andaluza. Del aspecto señoril y lujoso que ofrece la feria á la admiración de turistas y forasteros, nada podríamos decir que no fuera repetición enfadosa de lo mil veces contado por los cronistas y viajeros y aun por nosotros mismos enestas páginas en años anteriores. L. B. CARTEL DEL AYUNTAMIENTO Fotografias. de. F. Días, y otro CARTEL DE TOROS