Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
AL MAESTRO, CUCHILLADA Corría el tiempo on que campaban por sus respetos en las tierras de Audaluoía los bandidos más ó menos generosos, á quien inmortalizaron, con fama no envidiable, la imaginación popular, siempre amiga de los valientes, y los novelistas de á cuartillo do real la entroo- a, I T l f t VS f, í su provocbo. Uno de estos guapos, capaces de dar quince y falta al mismísima Francisco Jisteban, tue ei héroe de mi cuento, o por mejor decir, de mi historia Llamábase J u a n (no citaré el apellido) y era natural de Estepa. De su vida podría escribirse un libro, y aun tom ie F áut P milagros nada se diga: no hizo tantos ni tan estupendos sÁ AnCelebrábase la feria en cierto lugarejo de esta provincia, y nuestro héroe y su gente, en espera del retorno de los traficantes, tomaron tranquila posesión de una ventilla. Ellos andaban perseguidos v puestos á preo- ón y ya que no podían entrar en poblado, ni, por ende, comprar ni vender en los ejidos, razonable cosa les parecía negociar con los que a tal prohibición no estaban sujetos y compartir amistosamente sus ganancias. Asomo el primer grupo de feriantes: quince ó veinte hombros, quién conduciendo caballerías recién compradas, quien cabalgando en buena muía y guardando en el clásico bolso de dos anillas los brillantes centenes, precio de sus ganados, y quien, por ultimo, á pie detrás de un mal borriquillo, porteando los restos no vendido de su mercancía. Avisó el vigía al capitán, asomóse éste á la- puerta de la venta, y pareciéndole gente de paz la que se acercaba, dyo a su lugarteniente: i M -Anda tú con eyos. No los esnúes: qu eá uno afloja agigún er pelo. Laa bestia déjalas de d r; pa qué quer í a o s eso engorro? i. J 161- H -I