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tendió) olaeta prometida enjA boicdoiráo la ministra entro dos sorbos do tá, es tina acta do capitulación del distrito: éste se rindo al agraciado con todos sus votos vivos y muertos, presentes, pasados y futuros. En estas cosas de la política, las mujeres son mucho más formales que los hombros; ellas podrán engañar cuando prometen cariño, pero cuando prometen actas cximplon siempre. Después de todo, es muy. natural que las mujeres conspicuas so ocupen do la formación de las Cámaras. El parlamentarismo es una institución esencialmente feminista. Representa, en nuestro país al menos, el triunfo de la palabra sobro la razón, de la lengua sobre el cerebro. Y es verdaderamente asombroso que ios únicos que no hablan en osas Cámaras, nacidas al influjo femenino, sean los que llevan faldas: ¡los respetables maoeros! Esta paradoja puedo sor también una venganza femenil. Pues bien; desde la ministra ó siibsecretaria ó jefa política que promete una acta, hasta la oaciqucsa (esposa y cacique del cacique) que la extiende, la promesa surgida de lo alto va pasando por la gobernadora, la presidenta de la Diputación, la alcaldesa, la jueza, la secretaria, la recaudadora do contribuciones... recorro todos los complicados engranajes do la máquina electoral, que os una máquina hembra, como las máquinas inouba. doras, y muy semejante á éstas, porque sustituye el calor maternal de la opinión del país con trapos y agua caliento. ¡Asi se mueren de pronto las mayorías, como si fueran mayorías do pollos nacidos entre trapos v agua tibia! En suma, el acia concedida por la ministra entre dos sorbos doté, la saca indeíbctiblcmonte la caoiqucsa entre dos jarros de vino, y toda nuestra contienda electoral, eso que llaman algunos apelación al país sin que los demás nos murarnos do risa, se reduce á que las mujeres de los ministros manden y las. mujeres, dp. los caciques obedezcan. Los hombres (ministros, gobernadores, alcaldes, caciques) no tienen más papel que el de fieles y sumidos intermediarios. No mo refiero únicamente con lo que llevo dicho al presento momento histórico (frí se de diputado do incubadora) á la lucha electoral que hoy nos tiene sin cuidado: me refiero á ésta, á la anterior y á la otra, á cuántas elecciones han pasado por el país como el viento por las cañas. El prodominio feminista- político nació con el régimen parlamentario. En cuanto el Gobierno de la cosa púbhoa estuvo en la lengua, Eva exclamó como Luis XIV mirando á Adán de reojo: ¡El Estado soy yo! Y vean los lectores todo lo que ha imaginado el gobierno del Sr. Silvela para virilizar las elecciones: apclar a que o a quien. a la sinceridad. ¡Una hembra más! Poro esa señorita se ha quedado en su casa; tiene novio. ¡Un crítico do teatros! DIBUJOS DE MÉNDEZ BRINGA J O S É DE EOUEE