Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
r Los propagandistas y los defensores do t xic! á las mujeres so les reconozcan derechos políticos. lelien liaoer sonreír malioiosamonto á aquellas sus licrniosas olientes. Es como si esos justos varones defendieran la autorización de los postizos en el peinado femenino. ¿Necesita acaso ninguna hembra que una ley votada en Cortes le autorice á mezclar entre los sedosos y naturales cabellos otros qiie rizó la exporta mano del peluquero y figuraron en el escaparate del artista antes de que alcanzaran la gloria do mentirse nacidos en una cabeza cuyas locas ideas sólo conocen por aproximación? Pues si las mujeres no reclaman que se los consientan Icgahnento los añadidos, ¿por qué ha de haber quien pida ol reconocimiento solemne de su derecho á mezclarse en política, si esc derecho lo tienen ya en su cabeza como postizo, que es la manera de que les dure más? ¡Mujei es políticas! ¿Hay por ventura en nuestra política algo más que umjores? ¿No informa á aquélla, como dicen los oradores parlamentarios, un feminismo triunfador y absorbente? ¿No es la Ministra ol jefe superior del ministro, la subsccrotaria del subsecretario y la directora generala una generala que lo dirige todo en la Dii ección general y fuera do la Dirección general? ¿Quién ocupa, por regla infalible, el coche galoneado (os decir, los galoneados son los scnnbroros del cochero y del lacayo, no ol coche) que el Estado procura generosamente á sus más altos y mejor pagados servidores? ¿El excolontísimo señor? No, la excelentísima señora: y si ol excelentísimo señor usufructuario del carruaje oficial fuera viudo, su cxoolontísima hija ó su excelentísima nuera, ó su excelentísima sobrina. A la Castellana acudían y acuden todas las tardes cuantos cochos do ministros y de autoridades hay en Madrid, ocupados por las ministras y las autoridades consortes: y si las sugestivas ocupantes do los carruajes oficiales no se reúnen en el Obelisco, frente á la Huerta, á celebrar Consejo, no es poi- quo los falten tomas ni conocimientos políticos para tanto, sino porque un Consejo femenino es el de no reunirse á deliberar en público, por si el dualismo q- ue trabaja á todos los Gabinetes españoles, lo mismo de gobernantas que de gobernantes, hiciera de pronto explosión. Ahora bien; la política, nuestra política nacional, tiene, como los gusanos de luz, un período en que le reluce el cuerpo: ol período electoral. Y cierto que las mujeres que manejan y disponen do la cosa pública, según su leal saber y según su real gana en tiempos normales, no han do soltar cobardemente las riendas de la política cuando llega el momento de la kicha y do los gusanos de luz. Toda ministra española (conste que salvo cuantas excepciones reclame el lector) se juzga en posesión directa del ministro su maiüdo y do todas las actas que necesite para sus contertulios, parientes, afines ó simpatizadores. El candidato encasillado por mano dol ministro puedo fracasar; ol candidato Mioasillado por mano de la miinistra salo siempre de la urna como las propias rosas. El acta prometida en el despacho del ministro es nna letra de cambio que corre ol riesgo do sor protestada á su vencimiento (el del candidato á cuyo favor se ex-