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rv t EQEMEnacio MÍ O Ki HL de los artículos del Reglamento, -Para favorecer el regionalismo, se procurará que con las ganaderías andaluzas alternen dobidaraente las ganaderías castellanas, navarras y aragonesas, lamentando mucho que no las haya en Cataluña ni en las Provincias Vasjongadas, porque habían do ser las que dieran m. s juego. No podrán expenderse más localidades que las correspondientes á los asientos de la Plaza. Sin embargo, los aoadénaicos, consejeros y senadores vitalicios podrán entrar aunque la Plaza esté llena, por aquello de que el saber no ocupa lugar -En obsequio de la sinceridad, cada toro, al pisar el ruedo, deberá manifestar noble y honradamente si tiene algún defecto oculto ó poco visible que mpida ó dificulte su lidia. -Como han de hacerse las economías en relación á lo que ha disminuido el territorio nacional, so achicará convenientemente el redondel; no se pondrán banderillas más que de á cuarta, y se procurará por todos los medios hacer economías en el personal, fomentando las cogidas que tanto gusto dan al respetable público. Bajo penas severísimas, se prohibe picar más que en el morrillo, para evitar el abuso de los que empiezan á picar en el presupuesto y acaban picando en historia. -En él oncaj onamionto de los toros se observarán todas las reglas di otadas para el encasillado electoral. -Todos los lidiadores de á pie correrán- los toros por derecho. No se permite recortar ni aun el cupón. -Los diestros no podrán recoger del suelo los cigarros que les arroje la oonourrencia sin pagar antes al iEstado el impuesto de transmisión doblenes. E Oonienzó la actual temporada sin que tampoco por este año tuviera la deseada sanción el famoso proyecto de Reglam iito que tanto- dio que hablar hace unos meses. -Es una mala vergüenza- -dicen los buenos aficionados- -que la fiesta nacional siga rigién lose á estas alturas por el caduco Reglamento. del año 80, humilde paráfrasis de aquel otro que á mediados de siglo puso en vigor D. Melchor Ordóñez, ese Alfonso X de la tauromaquia. Y yo, descubriéndome respetuosamente ante ese alarde magnífico de erudición, me permito objetar que mayores vejeces legislativas hemos soportado los españoles en toda nuestra vida civil, ya que la Novísima Recopilación, las Partidas, el Fuero Juzgo y hasta el Breviario de Aniano hicieron las delicias de jueces y Tribunales hasta la publicación no muy remota de niiestro Código. ¿Ni qué sacaría la con que el nuevo Reglamento taurino estuviera solemnemente publicado á estas fechas? ¿No 68 mucho mejor darle otra vuelteoita al proyecto y sacarlo á tomar el aire, ese aire regenerador que sopla benéfico desde las más empingorotadas alturas y cimbrea como débiles junaos las vetustas columnas de la Gaceta, donde hogaño escribimos el Plus Ultra que borró el tío Sam de las columnas de Hercules? Apliqúense, pues, los buenos aficionados á hacer toda clase de cambios y quiebros en el proyecto existente, y para que se vea que predico con el ejemplo, empiezo por echar mi cuarto á banderillas- -pues á espadas resultaría pretencioso por mi parte- -con las siguientes notas, que pueden convertirse en artículos legales si en ellas tiene á bien fijarse el legislador taurino. Y allá van los artículos proyectados, ues para Exposición de motivos basta y sora con lo apuntado hasta aquí: La fórmula de Si El Tiempo no lo impide será el corolario obligado de todos y cada uno