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PERIÓDICOS Y REYISTEROS Salíamos del colegio por la tarde y en la plazuela que enfrente había organizábamos nuestra clásica y diaria corrida de toros. Teníamos tremendas discusiones sobre quién había de ejercer el cargo de oornúpeto, pero casi siempre le correspondía ese honor á un vecino de mi casa, de cabeza muy gorda, que después no lo ha impedido Hogar á director general. Las criadas, que venían á reoojernos á la salida del colegio, formaban el público; nos arreglábamos el traje do torear, haciendo de un periódico la montera y de los delantales de las domésticas capotes de brega, y daba principio la corrida soltando al de la cabeza gorda, previo el ¡tararí! del que hacía de presidente. Yo, que desde chiquillo ya me sentía torero, lo paraba los pies al do la cabeza gorda, que era siempre receloso y abierto de pierSEMANARIO TAuRiNO nas, y después de una brillante faena en la que el delanDirector: DO Í LEOPOLDO VfiZQUEZ tal me servía de muleta, me arrancaba á volapié legitimo, l- AB 0 aAI ORES! Lo IHÉB rfULInfcuMo, a li V PKECI S HE ClON dejando clavada hasta el puño la espada de niadera on. eu TOBEO la banasta debajo de la que se refugiaba el que hacía de toro. Esta faena me valía el aplauso do todo el servicio doméstico, chufas y cacahuetes con que me obsequiaba el novio de mi criaTRIS- TRAS da, y algún pitillo que otro que á hurtadillas mo atrevía á fumar y que generalmente Tj J A -k ¿S k me mareaba luego. Desde chico s put) Uc ¡sentí la afición; en mi casa no dejaba sana una silla en fuerza do pinchazos, y más de una voz mo remuerde la conciencia pior haber tomado de capa á mi abuelita en el gabinete, llevándomela hasta el comedor entro los pliegues del capote. Leía todos los DON CANDIDO periódicos taurinos, y más tarde, llevado do este mismo entusiasmo, todos los sibados eompral) a un pliego de papel de barba, me encerraba en mi rlrif lritifJ l- cuarto y me escribía un periódico entero, que cada semana se titulaba de distinta manera. Imitaba escrupulosamente los caracteres de imprenta, y una vez terminado el único ejemplar que podía hacer, se lo leía á los de mi cuadrilla. Al de la cabeza gorda lo gustaba mucho, sobro todo cuando deoía de él que ora voluntarioso, bien puesto EL T í o CAMPANITA y quo demostraba la sangre de la ganadería de sus padres. Entonces se fundó La Lidia, el periódico taurino que más aceptación ha tenido. No había ventorro ni taberna que no tuviera las paredes empapeladas con los acertados cromos de Perea. Recuerdo que so publicaban también con muy buen éxito JSÍ Arte de la lidia, El Burladero, en el que la revista de cada toro la hacían Sentimientoa, Sobaquillo, Kan- Iün, Aficiones, Tin Al 2 sá giiacil, con n ucha gracia; El Tendido, (ssa S El Enano en su primera época, y El a- i- S Toreo, el más antiguo BULÍ según mi cuenta, siendo sus revistas las más apr ciadas por 1 inteligentes, flrmad a s por Media Luna, un acérrimo Bl TÍÚ JINDAMJ NAAr SENTIMIENTOS