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NOVILLEROS Y MALETAS (DIÁLOGOS 10. HADOS AL OÍDO) Lugar de la acción: la calle de Sevilla. -Oye, Navajitas, ¿has leído en los papóles cómo quedó el Desfondao on Calahorra? -Muy bien; le dieron una oreja. ¿Una oreja? -Sí, la suya. Se la arrancó la Guardia civil al llevarlo á la Cárcel, y una vez on ohirona, so la devolvieron. Cuando sonó el clarín y salí á matar el primer toro, después de haber brindado ante la presidencia por el pueblo de Coria y los forasteros de los alrededores, se podía haber oído volar una mosca en la Plaza. ¡pamaráa! -Y yo, sin azararme, me acerco á la res, que tenía dos cuernos como dos palos del telégrafo, pero niás en punta y con un parte do htde pasando por los hilos, y en cuanto me ve la res, hace por mí, y yo, que estaba la mar de valiente, así que le miro llegar, voyy me cambio. ¿En la misma cabeza? -No, hombre, en el oalle, j. ón. ¿No te he dicho que has- ta entonces estaba la mar de valiente? Pues al cambiarme, ¿qué querías que hiciese sino soltar los trastos y tomar el olivo por las ramas de abajo? -Y qué, ¿te tiraron algo? ¡Hasta el Bobo! ¿Tenéis luz? -La natural; ¿y tú? ¿Yo? Lo que tengo es una hambre atrasada que llega á mi mismo bisabuelo, que en paz descanse. Desde anteayer no ha entrado nada en mi cuerpo. ¿No tenías una salida para Consuegra? -Mira éste, ¡pues no me pregunta ahora por las salidas! -Mo quieren llevar de picador á Vitigudi no. ¿Y por qué no vas? -Porque no tengo traje. D i l e al Codazo que te empreste el suyo. -Se lo tiene emprestao al Mimaría. -Pues pídeselo al Mandria. -Se lo tien, e emprestao al iSoí ds. -Pues pídeselo al Botijas. ¡Lo empeñó por un compromiso! -Dile que te dé la papeleta. -Está en prenda de unos boquerones y unas tintas on la taberna de Juanillo. -Pues mira, más vale que no vayas á picar á Vitigudino, porque si te llegas á poner ese traje no te hace el quite ni Mazzantini. -Ya le vi á usted, ya le vi á usted, joven, en la última novillada. Muy bien; aquel par que puso usted al segundo bicho es un par de la buena escuela. -Sí, señor, que el público me batió las palmas. No todas las que usted merecía, y así lo he declarado en mi órgano en la prensa El toreo del contribuyente, periódico de reconocida autoridad en asuntos taurómacos y administrativos. -Pues mire usted, señor, me hubiera comido los ríñones de rabia al ver que se me caía un palo. -Por poco se apura usted, joven; á mí se me han caído encima todos los que se pierden en da Plaza, y ya lo ve usted, bien que mal, voy tirando GRITO GENERAL. ¡Del sable! -Pero hombre, no te aflijas de esa manera; después de todo, no queda. íte tan mal. -Nada, que tenia el santo de espaldas. -Te digo que no; soltaste un bajonazo como los sueltan hasta los maestros. -En eso no te falta razón. -Y que si se considera bien, tu estocada fué una estocada aguantando... ¡Tanto como eso! ¡Aguantando la primer pita del público! GiiíÉs DE PASAMONTE