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RESURRECCIÓN DE LÁZARO mana de la llegada de Jesús, y al instante María salió también al encuentro del Maestro, pc iüda do los judíos, quienes la acompañaban creyendo que iba i llorar al sepulcro de su hermano. María en cuanto vio íi Jesús, postróse á sus pi 6 s y lo dijo: -Señor, si hubieras estado aquí no hubiera muerto mi hermano. El llanto de la santa mujer conmovió ú Jesús, que exclamó: ¿Dónde le pusisteis? -Ven, Señor- -le respondieron, y lo verás. Prorrumpió Jesús en sollozos, y llegado al fúnebre lugar, que era una gruta cerrada con una gran piedra, dijo íi los hombres que le seguían: -Quitad la piedra. -Mira, Señor- -exclamó entonces Marla -que ya hiede, pues hace cuatro días que está a h í- ¿No te he dicho- -le respondió el Maestro- -que si creyeres verás la gloria de Dios? Quitaron, pues, la piedra del sepulcro, y Jesús, levantando los ojos al cielo, exclamó: ¡Oh Padre! gracias to doy porque me has oído, pues aunque bien seque siempre me oyes, te dirigí mi ruego en atención al pueblo que me rodea, á fin de que crean que eres tú quien me ha enviado. Dicho esto, gritó con voz sonora: -Lázaro sal fuera. Y al instante, el que había muerto salió, hgados pies y manos con fajas y cubierto el rostro por un sudario. -Desatadle- -anadió Jesús- -y dejadle ir. Con esto, muchos de los judíos que habían venido á visitar ú Marta y á filaría, creyeron en Jesús.