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LOS MILAGROS DE GENEZARET lias, luego quG estaba allíLa le, la deferencia respetuosa y coníianza de los habitantes de Genezarct fueron recompensadas por inmuuerables curaciones niilag: rosas. He aquí en qué (orminos bace el evaniiclista San Marcos la relación del ríipido viaje de Jesíis por el otro lado del mar de Galilea. Y donde quiera que entraba, en aldeas ó en j ranjas, ó en ciudades, cuando se volvía á Cafarnauui, ponían los enferU L S en las calles y le roTO j; aban que les pormitiese tocar siquiera la orla de su vestido; y cuantos le tocaban, quedaban sanos. El Seílor, con admirable paciencia y bondad, dejaba que se le acercaran, le tocaran y lo oprimiesen todos aquellos enfermos y desgraciados que con sCiblfa y ardiente fe se estrujaban y disputaban por palpar el vestido de Jesús; y en cuanto lo tocaban, sanaban al punto j En este pasaje del Evanf! eUo J a condición de que hacG depender Jesucristo la curación de los enfermos es el acto de tocar sus vestidos. Procedía as dicen los intérpretes, paraque comprencUésemos las giradas y favores señalados que serían concedidos al contacto inmediato de su cuerpo en la Sagrada Eucaristía, de la cual se proponía hablar por primera vez aquel mismo día en la sinagoga de Cafarnaum. Después que hubo J e sús empicado un día entero en atravesar el país de Genezaret, curando á todos los enfermos, llegó ¿iCafarnaumíihoraen que empezaba el descanso del sAbado (el viernes, después do la puesta del sol) y sin reposarse entró en la sinagoga.