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JESÚS SOBRE LAS AGUAS ¡E- s, siempre seguido por la plebe y rodeado de sus discípulos, bajó á orillas del ag; o de Tiberíades, ordenando íi aquóUos que ocupasen la barca y fueran á esperarle al otro lado mientras él despedía al piiolilo. Los discípulos aceptaron con cierta resistencia la orden del Maestro que les oblig; aba á separarse de él dejándole solo entre la multitud. Alejóse la barca, y Jesús dirigió de nuevo la palabra al pueblo, que, en su fe creciente y en su entusiasmo infinito, quería llevarle en triunfo á J e rusalén. La serena elocuencia de Jesús bastó á cahuar los ímpetus déla plebe galilea, que á su mandato comenzó á dispersarseGuando quedó solo, volvió sus pasos hacía la colina para orar en su cumbre, y la figura celestial desapareció entre las sombras de la noche. ¡Mientras Jesús oraba sobre el monte, la barca de sus discípulos luchaba en medio del lago de Tiberíades. El viento del Oeste soplaba con amagos de tempestad, la barca era agitada constantemente por el oleaje y los discípulos fatigábanse en vano luchando por ganar á remo la otra orilla. Cuantos conocen el pequefio mar de Til: joríades saben con cuánta vehemencia soplan los vientos sobre ol lago; los más intrépidos remeros apenas si pueden contrarrestar el ímpetu de las fuerzas naturales. Jesús no olvidaba á los suyos; su espíritu les con- templaba en medio de la Incha; su espíritu estaba con ellos. Antes de la media noche Jesús entró en el mar y se dirigió hacia la l arca marchando de pie sobre las olas.