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RESUEUECCIÓN DE LA HIJA DE JAIRO pesar de su preferencia por el pueblo, Jesús repartía sus virtudes entre todas las clases sociales; ricos y pobres eran objeto de la divina bondad que Jesús prodigaba aun entre los mismos fariseos cuando acudían ú. EL Acababa Jesús de dirigir la palabra al pueblo junto al mar de Tiberíades, cuando un hombre llamado Jíiiro vino á postrarse ú los pies del Maestro, Era un fariseo muy considerado en Cafarnaum, como que era uno de los jefes déla sinago n. Una ffran desgracia había herido su corazón: su única hija, de edad de doce anos, se moría, y pudíendü míis en el alma de Jairo su cariño de padre que sus preocupaciones de fariseo, acudió á Jesús suplicíindolede este modo: -Señor, mi hija eslá á pimto de morir; pero ven, impon tus manos sobre ella y VÍA PÍL La súplica do J a i r o agradó á Jesús, por lo humilde y respetuosa, como lo atestiguan la palabra y actitud suplicante del fariseo, por lo ardiente y tierna, por la sencillez y confianza con que fué formulada. Jesús siguió tras él, acompañado de sus discípulos. En este momento vinieron ú. decirle al jefe de la sina og a que su hija había muerto y que era inútil que importunase al Maestro. Afiiji ióse Jah o, pero Jesús le dijo: -No temas; ten fe solamente. En seguida despidió tí las turbas y á sus mismos discípulos, no permitiendo que le siguieran niAs adelante sino Jairo y los tres discípulos Pedro, Santiago y Juan.