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Itíí J Ei ÍJ estos núlagTOs hacía el tíefior en presencia de muchos y de pocos, de sabios j de ignorantes, de amigos y de enemigos. Hacíalos en todo tiempo, do día y de noche, en el día de fiesta y en el de trabajo. Hacíalos en todo lugar, en el templo y fuera de él, en la ciudad y en el campo, en el monte y en el valle, en la tierra y en el mar. Hacíalos algunas veces con sola su palabra é imperio; otras con tacto é imposición de sus manos, y otras, haciendo oración y mirando al ciclo; unas, usando de cosas provechosas; otras, de cosas al parecer dailosas, como del lodo para alumbrar al ciego- Hacíalos, no por honra vana, ni gloria, ni aire popular, ni por interés temporal, ni por curiosidad vana; más por la gloria de su Padre Eterno, para el bien de los hombros, para consuelo de los afligidos, para oir los piadosos ruegos de los que le suplicaban; y más á menudo en beneficio de los pobres que de los ricos, porque tenían más necesidad. Hacíalos para confirmar su doctrina y alumbrar con ella los corazones délos que la oían; y despertarlos para que míxs amasen á Dios; y probar quo El lo era, y que lo que enseñal a no era filosofía humana, boja y ratera, sino sa iduría del cielo, altísima, soberana y digna de un Maestro que era hombre y Dios. (Vida de Oristc, KufMro Sen r)