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SAVINIEN DE CYRANO Tal es el nombre del ingenioso escritor francés cuya vida accidentada y pintoresca ha dado á Edmundo Rostand los materiales históricos suficientes para componer la comedia heroica con tanto éxito estrenada en Paiis durante las Navidades del 97. Labor estas líneas de periodista y no de literato, me guardaré muy bien de analizar la fisonomía literaria de Oyrano- -algo más roma que su fisonomía personal, -y mucho más de entrar en comparaciones entre Cyrano y Quevedo, punto ya tratado con ingenio y autoridad irrecusables por Mariano de OaTÍ y Navarro Ledesma. Quevedo francés ha sido llamado efectivamente Cyrano de Bergerac; mas esa frase, que ya se pasa de piropo, no es sino otra gasconada más. Todas las comparaciones son odiosas, y ésta de Cyrano y Quevedo sólo podría halagar, si viviera, al Dr. Juan Pérez de Montalbán ó á cualquier o t r o e n e m i g o personal de nuestro gran satírico. No es Cyrano sino un escritor más en el gran siglo de M o l i e r e mientras Quevedo es la primera figura literaria de su tiempo; las obras del gran p o l í g r a f o español nos hacen olvidar sus defectos físicos (que también los tuvo) y los deslices de su vida; en Cyrano, al revés, su nariz y su e s p a d a pesan más que todo el trabajo de su pluma. Tanto se ha hablado de la nariz de Cyrano, que me parece curioso reproducir el ret r a t o de éste, publicado en u n a de las ediciones de sus o b r a s por el cual se ve que Edmundo Eostand ha exagerado un poco la fealdad de su héroe, bien que en cambio le ha dotado de una sublimidad moral que tampoco aparece en la vida real del famoso leadet de Gascogne Siento no tener á mano otro retrato parecido que á raíz del estreno publicó una revista parisiense, y en donde el busto de Cyrano está completamente de perfil. En aquélla, como en la adjunta estampa, la nariz del poeta es grande, pero no deforme ni monstruosa; lejos de dar al rostro el aspecto repulsivo del personaje de Eostand, con su nariz de zapato absolutamente inverosímil, presta á todas las facciones una expresión de inteligencia, de audacia, de simpática originalidad. Uno de sus biógrafos dice que lo chocante en la nariz de Oyrano no era precisamente su tamaño ni su forma, sino las cicatrices que la cruzaban, señales de heridas recibidas en duelo ó en los combates que con frecuencia exigían nuevas pruebas de valor personal, porque Oyrano no podía aguantar que le mirasen á la cara con insistencia. Muchos de los personajes, escenas y referencias de la obra eon completamente históricos, lo cual avalora el mérito de la comedia y debe aumentar el interés en el espectador. Carbón de Castel- Jaloux era, en efecto, un capitán de guardias, en cuya compañía, donde abundaban los ccadets de Gascogne se distinguió por su valor Oyrano, que recibió un tiro de mosquete en el sitio de Monzón y una herida grave de espada en el cuello durante el asalto de Arras, que constituye el cuadro final del cuarto acto en la comedia de Bostand. Todos los biógrafos de Oyrano hablan también del combate singular sostenido por el poeta contra cien asesinos cerca de los fosos de la puerta de Nesle, y cuya relación da margen en la obra á la mejor escena del segundo acto. Es rigurosamente histórica la prohibición hecha al actor Montfleuri de presentarse al público durante cierto tiempo, así como, la muerte de Cyrano á consecuencia del golpe recibido en la cabeza por una viga que le arrojaron desde una ventana. Los plagios de que Cyrano se queja en el último acto son asimismo ciertos, pues consta que en su tragedia Agripina se inspiró Corneille, y que muchos fragmentos de la comedia M pedante burlado sirvieron á Moliere para una de sus obras más aplaudidas. Las ingeniosas razones con que Oyrano entretiene á De Guishe en el tercer acto para dar lugar á que Eoxana y su amante se casen, están sacadas por Eostand del Viaje á la luna, en que Cyrano se anticipó á su tiempo adivinando la teoría de los aeróstatos. Pero ¡os amores románticos, abnegados, sublimes del poeta gascón son obra exclusiva de Eostand. Henri Lebret, el amigo y camarada de Oyrano, dice que su desvío hacia el bello sexo era extremado, y algún bibliófilo, apoyado en alusiones de escritores de la época, atribuye el hecho á crueles malaventuras de la juventud. La única base histórica de estos inventados amores está en que, efectivamente, Oyrano tenía una prima; Magdalena Eobineau, baronesa de Neuvillette, cuyo marido perdió la vida peleando contra los españoles en el sitio de Arras. Magdalena asistió á Cyrano después de la grave herida sufrida por éste, y procuró hacerle abjurar de sus escritos filosóficos. Esto desagradó al poeta, que, haciéndose trasladar al campo, murió poco menos que abandonado hacia 1655, próximamente á la edad de treinta y cinco afios. LUIS ROYO VILLANOVA