Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
sis epilépticos que depuran al fenio y matan al hombre. Para prepararse á realizar la última figura de su serie. Mafia la madre de Jesús, pues ya tenía terminadas las otras Marías evangélicas, se fué á Palestina, y recibida la impresión del ambiente y la luz de Jerusalén y de Nazareth, volvióse á Florencia á inspirarse en las celestiales madonnas del de Fíesele. Bosquejada tenía ya la divina cabeza cuando escribió á su padre una carta incoherente y extrafía, en que á vuelta de varias cosas ininteligibles le decía: Padre, desde que he probado la gloria, se me ha centuplicado el ser. Ahora sí que vivo Pero vivo tanto, tan intensa y desatadamente, que á veces creo que esto no puede durar. ¡Acaso en nuestro frágil barro humano no caben las cosas grandes ó inmortales I III Poco tiempo después acaeció la catástrofe. Tras de varias semanas de fiebres, alucina, ciones y desmayos, Felipe amaneció un día sin luz en la mirada ni en el cerebro; el manantial con tantos ímpetus desbordado, agotóse de pronto; nuestro grande artista habíase quedado insensible, mudo, imbécil, paralítico del alma; peor que muerto 1 Así lo decía el mísero padre, que acudió desolado á Florencia, llorando sin consuelo ante aquel frío simulacro de su hijo. El bueno de D. Lorenzo Sidonia, tan lego y tan profano al aite, sabía, en cambio, sentirle y admirarle religiosa, supersticiosamente. Así, cuando el sin ventura vio los lienzos magistrales de su Felipe, no pudo menos de arrodillarse delante de ellos y besarlos como á reliquias venerandas. Pero aunque Felipe estaba presente y con sus ojos cristalinos y fijos parecía ver la escena, no dio la menor señal de conmoverse ni de enterarse siquiera. Entonces el triste padre, comprendiendo que algo había roto ó atrofiado en aquel admirable cerebro, puso toda su esperanza en la ciencia, y realizados á subidos precios los cuadros de su hijo, emprendió con él larga y dolorosa odisea por Europa en busca de un médico que acertase á despertar aquella inteligencia. Pero ¿conocen acaso los médicos los secretos de la célula pdguica, el punto en que el alma se enlaza con la materia? IV Harto de correr mundo, de gastar dinero y de ensayar sistemas inútiles, volvióse D. Lorenzo á Sevilla con su malogrado hijo, asegurando que si el aire y el sol de aquella bendita tierra no curaban á Felipe, menos habían de curarle con BUS latinajos y duchas los sabiondos extranjeros. rf t 3 -T íh ny- j Á nS f ii w i- i. r. ii í s 3 1 H u SÍ teligencia continuaba dormida, apagada, inaccesible á todo estímulo. No había ni vislumbre de salvación ni de alivio siquiera, cuando un día dijo D. Lorenzo á los fraternales amigos del pintor, que no se apartaban de su lado: -Hijos míos, se acerca la Semana Santa; ya sabéis cuánto impresionaban á nuestro pobre enfermo las cofradías, y sobre todas la de la Virgen de la Esperanza. En esta Señora he puesto yo toda la mía; ayudadme á intentar un último recurso. Quiero llevar á Felipe al mismo sitio en que él veía pasar la Virgen á punto de amanecer. Esa salida á tal hora, el aire de la madrugada, el lugar, el espectáculo todo determinará un cambio brusco en la vida metódica del paciente; será como una ducha moral, una impresión violenta. -Pero D. Lorenzo, objetó uno de los amigos, eso es peligrosísimo; pudiera determinar- -iQuél ¿La eterna amenaza de los médicos, la pérdida de la razón? ¡Más perdida que la tiene I No intenten ustedes disuadirme; estoy resuelto; si esto no le salva ¡echémonos á morir! Y llegó la noche del Jueves Santo, clara, serena, pero ligeramente húmeda, un poco fría. Cerca ya de las cuatro de la madrugada, el padre y los amigos de Felipe, emocionados y temblorosos como si preparasen un duelo á muerte, abrigaron al enfermo, subiéronle el cuello del gabán, y asido de ambos brazos por su padre y por cierto célebre paisajista, y escoltado por otros tres cordialísimos compafieroB, lleváronselo á lento andar hacia el sitio convenido, una esquina de la calie de Genova.