Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
en él un gozo desatinado, sin poder contenerse rompió á bailar el fandango, con tales piraetaa y mudanzas, que lucía. y mostraba patente la suela de los zapatos, únicos que poseía, ya bien maltrechos por el uso. Reparando eíffellos un solícito vecino de los venidos á felicitar, prorrumpió: c Corro á traer al señor Pedro Noiasco unos zapatos nuevos, pues no es razón que tan poderoso caballero esté tan mal calzado. Y salió, y volvió coa los zapatos en menos que se cuenta, y el afortunado bordador, atónito de alegría, dejóse descalzar y calzar hecho una estatua. Para fijarte en menudencias estaba él! Todo se le volvía preguntar y repreguntar á cuánto ascendía la sucesión, qué salió más pingüe de lo que podía calcularse así de pronto. Dehesas en Extremadura; olivares en Jaén; fértiles cigarrales en Toledo; casas en la misma corte; telas, muebles, plata labrada por arrobas, de todo diéronle posesión sin tardanza á Noiasco, y para los primeros gastos halló en arquillas y cofres repletos bolsones, donde el sonido delicioso del oro hacía mú- ica celestial entre las mallas de seda verde. Acordóse STolasco de la gitana, y rápida nube pasajera obscureció su alborozo. Poco tardó en serenarse y entregarse á gozar de su suerte, mudándose á espaciosa y señoril vivienda, admitiendo criados y m. ontando casa segán correspondía á su nuevo estado de fortuna. A fuer de rico, dedicóse á pasarlo regalado y ocioso, y presto se hizo muy melindroso y exigen- te, poniendo á todo defectos y reparos, llamando bazofia á los platos exquisitos, y trapos á la holanda y al velludo. Dimanaba quizás la impertinencia y descontento del enriquecido bordador de una pequenez, de una nadería en que tropezaba, pero que iba amargándole infinito los gustos: su calzado. Desde aquéllos primeros zapatos que le trajo un vecino oficioso, cuantos ponía le molestaban y lastimaban, llegando gradualmente á producirle sufrimiento intolerable. Fuese que padeciese de gota, fuese que sus pies, carsados por el reposo y la vida sedentaria de bordador, no consintiesen opresión alguna, es lo cierto que pasaba Nolarco las penas del Purgatorio. Todo se le volvía zarandear al maestro de obra prima, encargarle pares y más pares, y últimamente docenas de pares, sin que, probados uno tras otro, advirtiesen algún alivio los pobres pies magullados y en tortur. i. Echóse Noiasco á recorrer una por cna las zapaterías de la villa y corte, que fué infructuosa diligencia. A cada salida, el doior de los pies encruelecía y redoblaba. Ya eran punzadas violentas, ya latidos sordos y desesperantes, ya un continuo roer como de can furioso, ya un estirar análogo al que da en el potro la cuerda del verdugo. Y así se pasaba el malaventurado Noiasco noches y días, en un puro ay, maldiciendo de su suerte, renegando de Dio y de los hombres. ¿No habría persona caritativa que le curase? -De pronto clavósele en el magín una idea. Eecordó que cuando le había caído de golpe y porrazo el fortunón, no le hacían los pies el menor daño, y tenía pueston unos zapatos infelices, viejísimos. Mandó que le trajesen sin tardanza délas ropavejerías, prenderías- y puestos del Ritítro los zapatos más llevados y traídos que se encontrasen. Presentáronle cestos de galochas, pero ninguna venia á su pie; unos por estrechos, otros por holgados en demasía, éste por torcido, aquél por arrugado y duro, los asqueío- cs zapatos, sobre revolverle el estómago y encalabrinarle los nervios, no remediaban su mal. Este había llegado á ser intolerable. El exbordador pedía á gritos la muerte. Sus porvidas, pesias y reniegos, de una legua se oían. Escandalizados tenía á los servidores, espantado al médico, que veía inútiles sus ungüentos y emplastos, y horrorizado al buen clérigo que le habla traído la herencia. Y he aquí que de improviso Noiasco llama al vecino que le había descalzado ea memorable ocasión, y le ofrece una porrada de dinero Si le devolvía sus zapatos del tiempo de la miseria. Es el caso- -dijo el vecino apurado y confuso- -que los tiré al estercolero de la plaza, y á saber dónde habrán ido á pararl Haré diligencias por encontrarles, pero desconfío De allí á pocos días, el vecino se apareció con ciertos zapatQS muy semejantes á los de Noiasco- -todos los zapatos de desecho se parecen; -pero el engaño conocióse al ponerlos: al enfermo no le venían; el vecino, codicioso de la recompensa, había traído cualquier calzado, un par suyo, probablemente. Y Noiasco siguió poniendo el lamento en las nubes, retorciéndose y rabiando, hasta que un día, entre alaridos, rugió: Mi caudal entero daría por mis zapatos viejos, los únicos que no me destrozaban los pies! Transcurridos breves instantes, el ojiarlo, respetuosamente, anunció que allí estaba una gitana muy deseosa de entrar á ver á su señoría, y con promesa de curarle. -Que pase esa hija de Satanás -chilló el desesperado. La gitana cruzo la puerta; érala misma biuja de la predicción, negra, siniestra, horrible. -Vengo- -dijo ccn retintín- -á e n t r e garte tus zapatos, y pi r ellos me darás cuanto heredaste, tinoso. Ya ves si acerté. Te anuncié que r e n e g a r í a s de la snerte, porque pa vivir rabiando, mejor vives t r a b a j a n d o G üérvete á tu tien da á ganarte el j an. ¿Trato hecho? Pedro Noiasco se irguió, besó la mano de a gitf na, recobró sus viejos zapatos como recibiría un pedazo de Lignum crucis, Y corriendo se volvió á su tabuco, donde Nuestra Señora de la Guadalupe hizo que nunca le faltase pan, y le concedió una buena muerte. EMTLTA P A R D O DIBUJOS DE MÉNDEZ B E I N G A BAZÁN