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FÉLIX FAURE Félix Faure era, como el Hidalgo manchego, de complexión recia, gran mai drugador y amigo de la caza. í Pero no era seco de carnes y enjuto de rostro. Por el contrario, era hombre fornido, bien proporcionado, alto, de rostro grueso, de presencia un tanto allanera. A esa hora de nueve á once de la macana, cuando el Bois de Eoulogne está lleno de señorío á caballo, Félix Faure galopaba diariamente por entre los pariMAD. FÉLIX FAUEK MLLB. LTTOILB FAUBE sienses de alta clase, qne ya le conocían macho antea de ser Presidente de la República por haber sido Faure ministro de Marina. Y así que fué Presidente, íganizó en Compiégne y demás sitios ex reales las famosas cacerías, en las que hizo alarde de rumbo y grandeza. Porque este hijo del pueblo resultó en la altura más gran sefior que muchos grandes señores. El pueblo, la prensa radical y la festiva, le llamaban lisa y llanamente Félix, con acento en la i. Félix, así familiarmente. Sobre todo, los periódicos socialistas no han dejado ni un día, hasta su muerte, de dedicarle versos poniéndole en ridículo. Lo cual no ha obstado para que Félix haya sido uno de los Presidentes más respetados. En su vida interior, era amantísimo de su familia, y sobre todo de su hija, á quien los parisienses llamaban también familiarmente Mademoiselle Lucile, y de la cual se hablaba con frecuencia en la prensa: por ejemplo, en las comidas diplomáticas, en las que, según la etiqueta, Mademoiselle Lucile no tenía, no podía tener sitio oficial. En los cafés- conciertos se cantaron en menos de dos meses más de trescien tas canciones diferentes sobre los botines blancos de Félix, ¡porque Faure los llevaba hasta con el fracl Ya en las primeras fotograñas suyas que se pusieron ¿la venta figuraba sin ellos, y entonces se hicieron coplas nuevas celebrando que no los llevara. París es así, grande en todo, y á la vez infantil y frivolo; se divierte con cualquier cosa. Es costumbre dar á todos los Presidentes, así que son nombrados, la gran cruz de la Legión de Honor. FÉLIX FAUBK Á CABALLO