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Será, con el tiempo, recoger la lluvia de fuego que abrasa las arenas del desierto africano y convertirla en corriente eléctrica y traerla á iluminar las calles de Madrid ó de Fails. Será algún día aprisionar la inmensa ondulación de la marea en las costas ó el oleaje de los Océanos, y convirtiéndolos á su vez en corriente eléctrica, suplir al trabajo humano en lo que tiene de más rudo, de más penoso, de más humillante en los campos y en los talleres. Será la libertad del obrero para que en vez de trabajar con las manos trabaje con el cerebro, y en vez de traspirar sudor angustioso de fatiga resude ideas por toda la sustancia gris de su cerebro. Será abaratar con el tiempo la producción de sustancias alimenticias, resolviendo el problema de la miseria. Todo esto ha sido en gran parte y será por completo en lo porvenir, aquella pequeña aguja que se mueve ante un alambre. Y esto, teóricamente, hubiera podido adivinarlo un genio que hubiera estado en posesión de la ciencia moderna al observar el hecho que estamos citando. A la manera que el agricultor al ver una semilla dice: cesto será trigo, ó de aquí saldrá un pino ó un castaño y en la semilla ve, por su experiencia, la planta, así, por su ciencia, ve cualquier físico en la aguja imanada, moviéndose en presencia de una corriente eléctrica que se acerca ó se aleja, toda la serie de hechos grandiosos, de gloriosos triunfos de la civilización que hace un momento enumerábamos. Cuando por primera vez se realizó el experimento citado, ni aun los sabios de entonces podían adivinar las consecuencias. Y, sin embargo, el encadenamiento lógico de aquel hecho y de estos hechos es bien natural. Si porque un alambre por el cual circula una corriente se acerca ó se aleja de una aguja imanada la aguja se mueve, alguna fuerza existirá entre el alambre y la aguja. Y al cabo de algrtn tiempo se intentará esta otra experiencia: mover el alambre en presencia del imán, á ver si la corriente nace en el alambie pólo por este movimiento. Y se verá que sí nace; con lo cual, empleando cualquier fuerza en mover un ovillejo metálico en presencia de un imán, nacerá en el hilo una corriente, y podremos convertir cualquier fuerza de la naturaleza en corriente eléctrica. Con lo cual decimos, por último, se habrá creado el dinamo, invención prodigiosa que por eí sola realiza todas las maravillas antes enumeradas. Mas con ser esto tan natural, tan lógico, tan evidente, ¡cuántos afios median entre el hecho primitivo de la influencia de las corrientes sobre los imanes y el estado presente de la técnica industrial! Oasi un siglo! Y cuántos y cuántos sabios de primer orden ha sido preciso que se ocupen en el estudio de estos problemas durante toda una centuria! La semilla, con ser, al parecer, tan ruin, no tenía terreno suficiente para germinar con el cerebro de un solo sabio, y sus raíces se desbordaban y buscaban otro terreno, y otro, y otro, como si un árbol empezara á crecer en Europa y hubiera de ser tan inmenso que sus raíces se entendiesen al África y al Asia, y hasta llegasen, buscando jugos, á la misma América. Hemos presentado unos cuantos ejemplos, y pudiéramos presentar otros cien y otros mil en la ciencia y en la industria modernas. ¿Pero á qué molestar á mis lectores? Tendría que repetir siempre lo mismo. La idea primitiva, el germen, la primera chispa de luz, siempre pequefiísima, diminuta, mínima. Y luego su desarrollo por el trabajo y por el genio en fecundos terrenos de cultivo. Y al fln la invención útil, práctica, grande, colosal á veces, acaso- transformadora de toda una civilización. DIBUJOS BE BtANCP CORlg JOFÍ ECHEGARAY Pe la Eeal Academia Española