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ámbar, y luego ve que por casualidad atrae á los cuerpos ligeros, pongo por caso, á las recortaduras de una pluma de ave. Este hecho es el germen. Qué despreciable! Qué insustancial! Qué hecho tan ruin! Pues, sin embargo, allí está la electricidad con todos sus asombros y maravillas. La electricidad estática, que luego será corriente eléctrica cuando encuentre un hilo conductor; que será el telégrafo, que será el teléfono, que será el arco voltaico, que será la lámpara de incandescencia, que será la fuerza transportada por un alambre á centenares de kilómetros. I Pero en cuántos cerebros ha necesitado caer este germen y han necesitado caer otros análogos para llegar á ser lo que es hoy el fluido eléctrico! ¡Cuántos millones y millones de cerebros han sido rocas estériles ó terrenos fangosos en que la idea ha resbalado sin prender ó se ha hundido en mortal putrefacción! Otro ejemplo, y más reciente: Se diseca una rana sobre el hierro de un balcón, y la rana se estremece aunque está muerta. Otro germen, otra semilla, otro hecho pequeño y ruin. Pero este germen cae en el cerebro de un sabio y de un pensador, y á él se agarra y en él germina; y al poco tiempo se convierte en la pila eléctrica; y en nuestros días da origen á los acumuladores, invención importantísiuia que todavía no ha llegado á su pleno desarrollo, pero que acaso prepare asombros industriales á las generaciones del siglo próximo. De todas maneras, gracias á la pila eléctrica se ha creado el telégrafo eléctrico, que es un verdadero prodigio. Según parece, porque así se cuenta, el pobre cadáver de una rana ha transformado la forma de la civilización en el siglo XIX. Hablase á cada paso del testamento político de los grandes personajes. Yo me atrevería á llamar al telégrafo, si la frase no fuera sobradamente atrevida, el testamento de la rana. Y no hay testamento que le iguale. Otro ejemplo todavía: Un físico hace pasar una corriente eléctrica por un alambre próximo á una aguja imanada, y la aguja se mueve. Si este hecho hubiera ocurrido en presencia de todos y de cada uno de los seres humanos que pueblan el globo, millones y jnillones y centenares de millones lo hubieran considerado como- un hecho despreciable. Ni siquiera hubieran fijado en él su atención. ¡Y qué mucho que no la fijasen, si era un germen, una simiente, la celdilla elemental, por decirlo así, de una idea! El hecho en sí parece un entretenimiento, un juego de niños, de esos niños grandes que se llaman sabios. Y no culpemos á nadie: que no todos tienen, sino muy pocos en cada siglo, el microscopio semidivino del genio para adivinar en lo infinitamente pequeño lo infinitamente grande. Porque presentemos el hecho tal cual es y á ver si hay quien descubra en él esas grandezas del porvenir que hoy estamos presenciando. En una vasija se ponen dos placas, una de zinc y otra de cobre; se vierte agua acidulada con ácido sulfúrico. Se hace partir un hilo metálico de una de las placaí y rodeando á una aguja imanada se Je hace llegar á la otra placa. Y nada más. Y lo que sucede es bien poca cosa: que la aguja imanada se mueve. Pues este hecho, tan poco interesante en sí, encierra en su insignificancia, como la simiente encierra la planta, todos estos hechos que vamos á enumerar y otros muchos que llenarían volúmenes. La creación del dinamo, invento maravilloso. La transformación de cualquier fuerza en corriente eléctrica. La transformación de la corriente eléctrica en fuerza motriz. La unificación de todas las fuerzas de la Naturaleza en una sola: la energía eléctrica. Las mil y mil aplicaciones industriales que de aquí se desprenden. Y dominándolas todas, el transporte por un hilo de centenares de caballos á centenares de kilómetros. Ese pequeño movimiento de la aguja imanada en presencia de un hilo que une dos placas sumergidas en agua acidulada; esa insignificante agitación de la aguja cuando el hilo se mueve, es lo mismo que arrancar del seno de una montaña una catarata de treinta metros y llevarla con sus láminas cristalinas, y sus borbotones, y sus espumas, y su roca tajada, á doscientos ó trescientos) kilómetros de distancia, y ponerla á trabajar en una fábrica.