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moral que las órdenes de la alcaldía, porque en presencia de la infantería municipal, de la caballería, y aun de la artillería (que también ha habido cohetes) la brillante golfería de Madrid ha dado segundo, terceio y cuarto golpe al confetti usado. Puede estar seguro el señor alcalde de que si el Carnaval pasado ha producido algo para el cepillo de la caridad, ha producido mucho más para el cepillo de la ropa. Mas ello es signo de los tiempos. Somos un pueblo pobre, y como tal, económico y aprovechado. La prendería es nuestro comercio y el Rastro nuestra feria. El Arte de aprovechar las sobras, del malogrado Muro, podría convertirse en nuestro Código fundamental. Se recogen del suelo las puntas de cigarro. Se recogen del suelo los confetti. Lo triste y lo extraño es que no se haya recogido todavía algo más importante que quedó en medio del arroyo hace unos meses. La huelga de cocheros que padeció Barcelona el mes pasado, amenaza extenderse á Madrid si antes del mes de Abril no llegan á un acuerdo los aurigas y los dueños de. coches. Varios de aquéllos han levantado el alquila de la insurrección, y están resueltos á mantener, fusta en mano, sus derechos. En el tneeting recientemente celebrado se discutieron varios puntos (de cocheros de eso se trata) aprobándose con entusiasmo la huelga de Abril, por aquello de que los cocheros está bien que les lleven por lo menos un mes de ventaja á los obreros de á pie que acostumbran á holgar en Mayo. Algún dueño de coches sostiene que se prepara un atropello. Pero está equivocado el alquilador, á quien no alquilamos la ganancia. ¿Qué atropello va á haber cuando se trata precisamente de dejar los coches abandonados? Ya lo sabe el lector. En Abril, cuando estalla la primavera, no quieren los cocheros ser tocayos de la estación; en Abril, cuando guardamos hasta el invierno siguiente los géneros de punto, otro género de punto el coche, se archivará también entre pimienta y alcanfor (menos alcanfor que pimienta) en Abril, cuando en los puntos de parada suelen las berlinas ser sustituidas por mañuelas están decididos los cocheros á dejar las mañuelas en berlina y á las berlinas en mitad de la calle. Hermoso espectáculo! Madrid entero será un coche parado. Y gracias á la temporada tanrina, tendrán ocupación la infinidad de jamelgos que resulten excedentes. Madrid sin coches será, al parecer, un pueblo tristísimo. Pero será feliz, porque dejará de ser un pueblo á los pies de los caballos. Al recordar por su quietud los días de Jueves y Viernes Santo, evocará en el ánimo ideas de santidad y de virtud. Y acaso las autoridades puedan dedicarse con más éxito á velar por la moralidad pública, ya que en medio de las calles no se oirá más trote que el de los caballos de la baraja. Hasta ahora no entran en la conjura más que los cocheros de punto; pero dado él espíritu de clase, el movimiento sedicioso alcanzará á todo el gremio. Sensible sería que el presidente del Consejo se viera privado de su acostumb r a d a e x c u r s i ó n á la Moncloa- -Pero cómol, dirá algún lector, ¿usted cree que en Abril todavía será don Práxedes presidente del Consejo de Ministros? No 8 Ó! ó creo eso, sino que, como usted ve, no habrá forma de que se vaya á paseo cómodamente. LtJis R. VILLANO VA DBTMOS DB CILLA Ji