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LA PATTI EN 1860 LA Í A I I I EK 1890 SILUETAS DE ANTAÑO Xv Ü I Y i L ÜK IwJLS BOIDJLB El nombre de Adelina Patti ea del dominio público universal hace muchos años. Pertenece por derecho propio á eea constelación de astros liricos de primera magnitud, que, como las estrellas fugaces, sus hermanas en brillo, se eclipsan sólo por el momento. De cuando en cuando se habla de Adelina Patti, se cuenta algo de Adelina Patti, se sabe de Adelina Patti. En los actuales momentos se ocupa todo el mundo de su tercer matrimonio, institución canónica por la que parece sentir la diva igual apasionamiento que por el Arte. Cuantos diarios de importancia se tiran en Europa y América han divulgado la posición social del nuevo esposo, noble de progenie, maguer haya sido profesor de massage Yo temblaría, en su lugar, de que á la prima donna se le ocurriera llevar á la práctica aquello de il mió quarto manto, que habrá cantado más de una vez. Aunque de estirpe italiana, como nacida del signar Patti y la signara Barilli, dos notables artistas de ópera que trabajaban en nuestra coronada villa hacia el afio de gracia del á 3, el hecho es que la simpática y genialísima diva vino á este valle, para ella no de lágrimas, sino de venturas, en esa fecha y en Madrid. Poco tiempo permaneció, por el pronto, entre nosotros. A los ocho abriles ya el pájaro nuevo dejaba oir sus divinos gorjeos en New- York, donde era aplaudida frenéticamente, y donde la célebre Alboni presagiaba á la nifia los triunfos que luego había de alcanzar. Su primer victoria lográbala en un concierto; su primer éxito teatral alcanzábalo entre los yankis con la Luda. Veinte primaveras contaba cuando tornó á España y debutó en esta corte. Era entonces, y en esa etapa la representa uno de nuestros retratos, una joven de grandes y expresivos ojos; más que de una gran hermosura, de una gran gracia en el rostro, y á la que sentaba á maravilla el peinado bajo, de moda á la sazón, y denominado de breva Hoy es una matrona elegante y bien conservada, gracias á su higiene especial. El talento supremo de la artista y el encanto infinito de la mujer hiciéronla pronto marquesa de Oaux. No fué, empero, dichosa con su primer marido, y entabló el divorcio. Acompañóla desde entonces á todas partes un tenor, Nicolini, con el que, sin embargo, no se casó, delicadeza que la honra, hasta la muerte de su anterior esposo. Y privada del segundo, va á entregar ahora su mano al tercero. Como á todas las cantantes de fama universal sucede, rodea á Adelina Patti una verdadera leyenda, y se habla de sus excursiones por los Estados Unidos en fastuosos expresos palacios. El hecho és que ha ganado millones. En cierta ocasión dijese de ella que pensaba alzar en su castillo de Oraig y- Nos una sinagoga, copia de la de Berlín. Lo que había de cierto en la supuesta abjuración, era que cantando allí el barítono Díaz de Soria, judío de raza, dejó caer un medallón que usaba al cuello, con un pergamino en que fce veían escritos los Diez Mandamientos. Aquello traía la buena suerte. Un calígrafo sacó una fidelísima copia, y colgándoselo también ál cuello la Patti, alcanzó una ovación al presentarse con Bornea y JMÍícía enParís. En España ha hecho popular la Patti un vals de Arditi: El beso. Eso es ella. Un beso que canta. JUAN LUIS LEÓN