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4 s; V. s TRAGAWIOROS Cuando al terminar la guerra de África volvió triunfante nuestro valeroso ejército, guiado en gloriosos combates por O Donnell, Prim, Zavala, Ros de Olano, Rios, Echagüe y otros denodados jefes y valientes oficiales, llena de júbilo España lo recibió en todas partes, prodigándole ovaciones de entusiasmo delirante. Entre los que regresaban, llegó un batallón á Cádiz de los dispuestos en Ceuta en los precisos instantes en que se acordó la paz, por cuya suerte envidiable, sin haber entrado en fuego ni experimentado azares, tanibién las auras del triunfo aspiró en plazas y calles. Volvía entre sus soldados, quinto del último enganche, xm sobrino del famoso torero apodado El Lavi, que era un joven gaditano flamenco de pura sangre, mozo decidor y alegre y un embustero muy grande. Queriendo, apenas llegó, contar las heroicidades qne hizo en el suelo africano, Dawo BB ESXSVAN loüró que se entusiasmase el típico, bullicioso, popular ó impresionable barrio de Santa María, cuna del cmte y del baile que dio fama á la legítima raza flamenca, flamante. Orgulloso del sobrino, ofreció su casa El Lavi para que oyeran al héroe, y en tropel, y hasta llenarse, entre parientes y amigos á ella fué lo más notable de la gente con sandunga que en aquella tierra nace. Comenzó la relación de su historia el mozo, dándole vuelo á su gran fantasía; y refiriendo su viaje al moro, fué cosa digna de oirle contar los detalles de una horrible tempestad, de un naufragio espeluznante y de otros muchos soñados riesgos y penalidades. Interrumpiéndole á veces, exclamaba aquel conclave: -MProbecito! ¡Hijo de l armal, iCnántas fatigas! í Qué mártil Siguiendo de los sucesos el relato interesante, y exagerando las pruebas de su audacia y su coraje, Pus verán ustedes ahora, dijo al final contoneándose, lo que hace un hombre que tiene estómago, en ciertos lances. Salimos del campamento un domingo por la tarde cuatro números y el cabo, y detrás de unos jarales aparecen doce moros con espingardas y arfanjes. NoBjizo el cabo una seña. y nosotros, ya con hambre, pim, pam, pum, jaciendo fuego, sm que un tiro nos marrase. nos jamamos á los doce, y seguimos tan campantes. Pusmjtamafianafuí con el sargento Rubiales á desempeña un servicio, y de repente nos salen cuatro moros; enseguía dimos gusto ar dedo, y dale que dale, pus nos jamamos á los cuatro, y adelante. A los mu poquitos días salí pa llevar un parte más aya de una trinchera, y de pronto seis turbantes, seis cañones y seis tiros que me pasaron rascándome. Me echo el fusil á la cara, y descargo y cargo á escape, y en fin, pa no ser pesao, me merendé los seis árabe. -í i Joeú I gritó la reunión aplaudiendo y levantándose y corriendo á abrazar todos al autor de hazañas tales. M Lavi, que estaba al lado de su vecino y compadre señó Curro Cantoral, viejo escamón y tunante para comulgar con ruedas de molino, contemplándole tranquilo y casi risueño, sin hablar ni entusiasmarse, ¿Qué dice usté der chiquiyo? le dijo. ¿Vale ó no vale? A lo cual con mucha sorna señó Cantoral, rascándose la cabeza, contestó: Pus le digo áusté; compare, que en África, por lo visto, los moro deben sé dátile. JAVIKB D E B U R G O S