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v A nr J V a pena, llaravillábase de que no se le proclamara desde luego por uno de los escriV teres más insignes de la época, puesto que aquello era en realidad obra de autores verdaderamente insignes. Pero los lectores siguieron despreciando el a t o mérito, y ni siquiera hubo entre ellos uno que TiSn s í conociera y denunciase el hurto. Losada comprendió al cabo de algunas experiencias la verdad del caso. El oro vale, por ser r- á k. oro, como metal precioso, mas no circula como uiont- da r. -corriente si no es por el cufio. Y en su vista determinó cambiar de procedimiento: en vez de prohijar hijos ajenos, que aunque de sangre iluHl. re desmerecían y se encanallaban al pasar por snjt. x. se metió á enajenar los hijos propios, seguro de que, Puiique de pangre plebeya, se ennoblecerían por la misma razón a li cada á la inversa. Había expendido hasta entonces moneda de ley ron cofio falso; iba á dar ahora moneda falsa con cufio renl. Escribió algunos aTticnlos de imitación, aconi jd: ín io e al estilo de los escritores en boga; puso al pie las ilrmas más reputadas, y se fue á un periódico con todo e. H equipaje de máscaras. -El Sr. Fula, no está veraneando en el Norte. -Lo sé; el periódico anunció la salida de nuestro ilustre r- íí- colaborador. -Le he visto por allá, y aprovechando mi venida me entregó est trabajo para el periódico. Ya sabe usted que Fulano es amigo míol t -Sí, él ha recomendado á usted. Pero ¿cómo no me envía su trabajo en carta? -Teme al seivicio de Correo m a f i S T L S m o perezoso para las cartas, como todos los que tenemos el oficio de escribir. Se publicará- -Y escríbale usted que no nos olvide; siempre nos tiene deseosos de su firma. e n S S t í c o pnbhcado con todos los honores de ordenanza: anuncio previo, lugar preferente y encabezamiento W e n t e p e r S y n t e s Periódicos, y las alabanzas eran unánimes- Admirable! -Como todo lo de Fulano. -Mejor todavía, porque en él lo último es lo mejor. Losada probó por fin el sabor dulcísimo de la gloria. Saboreóla aquella vez y otras vaiias que repitió la estratasenfiVff? r placer con careta, cubierto con el amargor de no poder decir á voces: Eso. Z q u a abáis es i n l o Deleite íntimo, como el del padre que se goza en el talento y los triunfos de un hijo de qu en no p u e d r c o n W r s I padre por haberlo engendrado en adulterio. Mitad placer y mitad suplicio no puede coniesarse cv í i P T autores muertos ó to de firmas dé autores vivos y. presentes como naoia ausentes guardado el hurto de escritos de v yuo j preHcnres como había t e í d T a S f m r d t f s S PÍ ntación, y Lo. ada alcanzó fama, aunque no fué. precisamente la que pre í f el juicio de la opinión vulgar, que toma por cobre despreciable el oro en pepita anónima v pasa ñor áurea moneda el cobre con cufio ilustre, se volvió al retiro de su provincia con una enseñ za de 8 ConsSado? a L de que la crítica pública no ap aude el mérito, sino la firma, asi como en la mar no se t l s p e t r b a r c o a band y como el devoto se arrodilla ante el santo no por la maderq, sino por la advocación a Jera, Jis una triste verdad de la vida y una grata mentira de la gloria. EuGBNio S E L L E S De la Real Academia EspaHolai