Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A esto se reduce toda la inventiva del Carnaval callejero: á un cambio de sexos Ooaio si dijéramos, á una función de día de, I nocentes. Lo malo es que en ocasiones lo que comienza en broma acaba en serio; quiero decir, y perdone T r lT f V comenzada con el trastrueque de ropas, acaba en la casa de préstamos desnudándos e él del mantón y ella de la capa, y cogiendo ambos una pulmonía que por necesidad, siendo dos los pacientes, ha de ser una pulmonía doble; r Cuando el Carnaval callejero de Madrid se limitaba á ese cambio de ropas que convierte á un hortera en una jamona y á una cocmera en un jamón, podía soportársele, sobre todo no acercándose mucho ni al hortera ni á la fregona disfrazados; y aun era cosa de risa ver cómo otros ciudadanos se entregaban con decidida vocación á sentar p a de animales convirtaóndoee espontáneamente, quién en un oso y quién en el que lo manda y dirige, ¡árcades t Í T ¿TT r f l madrileño, que ya era sucio por aba o resulta también sucio por arriba: en la tierra y en el aire. rlZfT T municipallo prohiba, los apreciables golfos no dejarán de recoger del suelo montones de confeth, y aun cuando ese mismo bando establezca, para impedir determinados abusos, que los cartuchos de corifetti ZdnHf r T- fl i go f P drán soltar los que ellos recojan de la vía pública sobre los w f r n i í 1- disposiciones del citado mandato municipal, pues cierto que todos los confetH que ellos lancen serán de un solo color: de color de barro. ¿Que esto es una porquería? ¡Quién lo duda! ñZ riZ. P trae el calendario la fiesta carnavalesca si no para que mostremos todos felicísimas disposiciones? r i r T T i en Madrid es una especie de salto atrás, en yirtud del que la Puerta del Sol retrograda al mercado de Marruecos. En cuanto nos ponemos la careta, nos brota la sangre moruna. Y preguntamos candidamente: ¿Me conoces? jNo nos han de conocer las potencias europeas I Pues en los barrios bajos de M a t ó d continúa proporcionando delicias inefables el lanzamiento ó manteo del pelele. Todas las comadres de aquellas dicho J J tarea supradicha, como si fuese en Espaaa cosa digna de admiración el que un mamarracho suba por el aire. i- aua. i- ooa ¿Qué goce puede argüir el mantear monigotes? jPues diriase que es placer regio, según el entusiasmo con oue á esa diversión se entregan los habitantes de los citados barrios madrilefios! Tal de; oción sienten por el ¡2l TLe hasta h i inventado la palabra empelelarse. sinónima de coger una borrachera; lo cual, para muchos y muy juncales madrileños, es lo mejor que en esta vida puede hacer un hombre. uy jancaiea Afortunadamente, en las primeras horas del Miércoles de Ceniza los mangueros de la villa enchufan las mangas i t resto s dí I f f 1 y Oarnavaí callejero. Los montones de confM, Z 1 P 1 1 pedazos de caretas, los desperdicios de colchas y de ruedos, arrastrados por el agua se su men en las bocas de las alcantarillas, y desaparecen camino del Canal B i l i s t í Í t S Í TM P W (Era delata! JOSÉ DE R O U R E DIBUJOS DE, ttüBRTAS