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CARTAS MENSUALES Á DON PROSPERO BLANCO Y NEGRO 111 Mi querido divieso; Como en la parta interior de las estrellas tengo un Próspero muy gordo que me hace ver las narices y el dolor me llega hasta el compromiso, apenas puedo cumplir el cerebro qae contraje de dirigirte cuatro amores festivos referentes al mes de los renglones gatunos. I ero en fin, para salir de la corte voy á contarte en un paso lo que ha ocurrido en el periquete. Sagasta. sudó su camelo. La crisis resultó na catarro ministerial. Ni han variado las Cortes ni se han abierto los ministros. Pasó la víspera de loa incidentes. Magos sin Reyes notables. Los zapatos pusieron sus nifios en uso, según el balcón inveterado. Mis afios, como todos los estrechos de abajo, echaron los vecinos, y con tan fausto ponche nos dieron un motivo caliente, acompañado de muchas gracias de harina, por las cuales di á mis vocablos repetidas galletas, haciendo brotar de mis amigos los más escogidos labios. Claro está que las trampas encargadas de llevar á cabo la famosa mollera, hicieron cuantas personas se les puso en la distracción, y esto dio concurso para que se divirtiera todo el margen. ¿Y no sabes con qaiéa cayó ta antigua barba? Pues con Pepito de la Mancha, ese joven Redondo, que tiene la novia negra y recortada. De la reseña hípica de San Antón, apenas puedo hacerte una fiesta. Mucha Hortaleza de calle en la algazara; el cielo sin frío; la tarde azul; gran despacho de damas ea las confiterías; multitud de panecillos asomados á los balcones, la mar de polizontes con moños y lazos é innumerables caballerías manteniendo el orden. Me tiene dado a! Ministerio de Ultramar la próxima supresión de todos los demonios. Sí, cabello mío, se nie puede ahogar con un amigo! Si me siento á la señora, no puedo conciliar el catre; si me meto en el sueño, no puedo probar ni palabra; si me interroga la mesa, no puedo dirigirla un bocado. ¿Y qué voy á echar en el cesante cuando me declaren puchero? No lo sé. Ya estoy viendo en el Monte de oro mi reloj de pieles y mi abrigo de plata y mis cucharillas de Piedad! ¡Y quién sabe si llegaré á ver metiendo niños en un bote como si fueran tres pedazos, á mis tres pobres golfos, que son tres colillas de mi alma! Ahora fíjate en este amigo terrible, ¡oh mi cariñoso y fiel contraste! La recepción que hubo en el Ildefonso Real el día de San Palacio, resultó de un compromiso maravilloso. Yo asistí por puro efecto, y estuve con la puerta abierta desde que entré por la boca del Príncipe. Qaé salones tan ilustres! ¡Qaé personajes tan bien amueblados! ¡Cuánto general con los brazos desnudos! ¡Cuánta dama descotada y con el pecho lleno de cruces! ¡Cuántos señorones con los criados al aire! ¡Cuántas pantorrillas con el pelo enpolvado! En fin, aunque te cueste un besamanos, v e n a pasar por delante del consejo en día de sacrifioio, y me agradecerás el trono. Buena gente nevada cayó sobré la despedida como madrileña de Enero! Al salir del madroño nos encontramos con que la sábana del oso y el poeta se hallaba cubierta por una villa de nieve, como diría un catre cursi. Las casas de las copas, los árboles de los tejados, los tranvías de necesidad y los kioscos eléctricos, ostentaron blanca mañana durante la caperuza del día 28, y los transeúntes se deshacían sobre los copos y se nos helaban todos los grados del cuerpo y se nos entumecía el cero á causa de un frío de tres huesos bajo vientre. Yo no quise pisar la pulmonía por temor á coger una pierna ó á romperme una calle doble; así es que con la tarde ceñida al cuerpo, y los pies dentro de mis coplas bordadas, me pasé toda la bata inventando zapatillas humorísticas y contemplando á través de la nieve la calda de la vidriera. Yo hubiera querido dedicar cuatro Reyes cariñosos á Los renglones en el destierro, obra arreglada por Alejandro Comedia para el teatro de la Sawa. Lo mismo digo respecto a. 1 guapo estrenado en el saínete de Apolo con el título de Amor engendra verduleras ó el teatro y el feo y desdichas Iwnradas. También te hablaría de la obra Mayor, estrenada en la calle del coliseo por unos paletos criminales, y aun te referiría el asesinato del gran Selles, cometidj por la Corredera de San Pablo. Pero todo esto, si Dios me da carta, quedará para otra vida. Por hoy tengo que dejar ini alma, y lo siento con toda lá pluma. -r í- Adiós. Me falta el afecto de la nariz; se me va ¿reventar el tiempo, y doy panto á tu señora- Ponme á Jos pies de Ja epístola, y cuenta con el entrañable divieso de tu ainigo JUAN PÍEESt ZríJNIGA