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-Sá muerto hace ocho días de una enfermedad muy mala. ¿Y tú? -A mí querían llevarme al Asilo, pero me escapé, y ando así por la calle. De noche me meto en el rincón de r. ua puerta De día pido limosna. Clara reflexionó un momento. Después dejó en el suelo al chico, y le acarició la cabeza con la mano. ¿Te quieres venir á una casa donde te darán de comer y dormirás en cama buena y caliente? Elchiquillo, al pronto, no respondió. Precoz instinto de independencia absoluta se alzjba sin duda en su espíritu, y las ventajas materiales del ofreciíniento no le tentaban; sin duda su endeble pescuezo advertía ya la molestia del yugo, sus manos descarnadas, vivo testimonio de la miseria íisioiógica de un organismo sometido alas privaciones. 1 tojio un chispazo eléctrico al contacto de los que volvió á coger en brazos al pequeño, y no- -Sí, hijo mío. i. Estaré Verás cómo he se rebelaban contra los grilles y las esposas que pretendlan ponerle en nombre del bienestar Mientras dudaba y se sentía inclinado á escaparse corriendo, á fin de que no le llevasen á ningún lugar que tuviese techo y paredes, la mano de Clara, despojada del rudo guante, suave, femenil, halagaba el pelo enmarañado y golpeaba amorosa las escuálidas mejillas del granuja Y éste, magnetizado de pronto, exclamó: -Vamos, vamos á esa casa ¡si esíás tú en ella! A la efuiión del chico respondió inmediatamente, alambres, con impulso ardoroso, irresistible, maternal, de la señora, pudiendo besarle, le apretó contra su corazón. de quererte! Para que la resolución de Clara sea meritoria, el mundo la ha calumniado, suponiendo que la criatura que recogió y que tan cariñosamente cuida y educa es un hijo hurtado, un contrabando doméstico ¿Qué le importa á Clara? Ya no bosteza de tedio ninguna tarde del año. EMILIA P A E D O B A Z Í N DIBUJOS DB M É N U K Z BBINGA