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Lo h e m o a d i c h o otras veces y con dife rentes motivos: toda industria es fuerza, y todas las industrias no son otra cosa que co rrientes de fuerza que circula. La industria que representa un semanario ilustrado no puede ser una excepción á esta regla general Pero también hemos aicho que, hoy por hoy, la electricidad no se toma en la Naturaleza, sino que se fabrica. De suerte que lo primero que ha debido hacerse- -y se ha hecho, en efecto- -es crear la fuerza eléctrica. Fabricarla, si la palabra vale. Para ello se han establecido dos poderosas máqainas de vapor- -si no recuerdo mal, de 35 á 40 caballos- -y los dinamos correspondientes, del sistema Siemens, que son de los mejores que funcionan entre tantos y tantos como engendran millones CÜADBO ELÉCTKICO de caballos eléctricos en Europa. Pero una vez producida la corriente eléctrica, ella se encarga de los demás trabajos: de los más poderosos, de los más sutiles, de los más delicados; hasta pu 1 diéramos decir de los más triviales, porque hasta eléctricamente pueden encenderse los cigarros con que el trabajo se distrae. Cuanto elemento funciona en la instalación ea ya, por decirlo así, automático, porque todo constituye un cuerpo admirablemente organizado; y esta es una de las grandes ventajas que proporciona la electricidad: la electricidad es y tiene fuerza, y hasta parece que tiene inteligencia. Así, por ejemplo, hay una bomba á que podemos llamar eléctrica, porque de un motor eléctrico depende, para elevar el agua á un depósito establecido en lo alto del edificio. Pues bien; cuando el depósito está lleno, baja un contrapeso, unido, si no recuerdo mal, á un flotador, y al bajar interrumpe un contacto, y la corriente cesa, y cesa la acción de la bomba. Desempeñó su tarea, llenó el depóito, acabó su trabajo, y ella misma cesa de trabajar. Parece que dice: ya no tengo que elevar más agua; descansemos. Por el contrario, el depósito se va agotando, pues el contrapeso sube, restablece el contacto, circula la corriente, y la bomba vuelve á trabajar. Porque casi estoy tentado á decir que comprende que hace falta su trabajo. En suma, que de la bomba eléctrica no hay que ocuparse para nada; ella hace lo que debe hacer, y descansa cuando debe descansar. La electricidad llega á los grandes talleres de impresión, y hace funcionar varias máquinas que, aunque yo no soy inteligente en esta maquinaria, me parecen preciosas: con su doble movimiento oscilatorio; con su iogeniosísima complicación, que más que complicación es sencillez; con sus dedos sutiles, que yo les llamo dedos, aunque se llamen pinzas, para coger los pliegos cuando deben cogerlos, y soltarlos cuando fuera torpeza te nerlos sujetos; con su combinación perfecta para marchar con la velocidad debida, según haya de ser la tirada, no gastando fuerza inútilmente. PorAPARATO E L K O T K I C J que otra de las excelencias dé la electricidad es P A E A CIGARROS la economía: consume la energía que debe consumir, pero siempre la precisa. Claro es que el alumbrado ha de ser eléctrico, pero con modificaciones inteligentes y oportunas. A í, por ejemplo, en las salas de oomposición, la luz de las lámparas no hiere nunca directamente la vista. Por medio de reflectores colocados en la parte inferior, la luz sube al techo; en él se refleja y baja en forma de luz cenital, suave y difusa, que llena el espacio sin golpear brutalmente en la retina. BOMBA BLÉCTBIOA CON INTEBKDPTOE AUTOMÁTICO m