Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
una cruz... Y qué vivas están todas! jLo que va á helar esta nochel (Puñol ¿si me dejarán las piernas en medio del camino... iDescansaró un poco? No tengo paciencia; aBdaré mientras pueda; CPeáro camina la fgo rato en silencio. Ea, qué le hemos de hacerl No hay más que sentarse, encenderé un cigarro. También es triste que vuelva un hombre así á su pueblo, sin fuerzas para nada! En fin, mientras no me apriete la maldita. (8 entmd. ose y encendiendo ÍÍTO cigarro. Oómo conozco estos camposl Allí están las tierras del tío Lesmes, junto al riacho. De aquí á mi casa, una legua corta. ¿Qué hora será? Por el cáliz del cielo deben ser más de las diez. Cuando yo llegue ya estarán todos acostados y dormidos. Mi madre, con la alegría, no volverá á coger el sueño esta noche. I Vaya, arriba otra vez, y piernas adelantel (Pedro vuelve á oami nar largo trecho en silencio. La calentura, la calentura. la siento que me silbe y me bajapor- todo el cuerpo, como si fuera un sapo muy frío, muy frío... Parece que mi pueblo está más lejos cada vez; póraliene que ser figaración mía. ¡Ya lo; veo, ya lo veo! ¡Allí está; la torre, (La misma voz -kx xú no se abre á nadie hasta que sea de día. Hay muchos pillos en el mundo, y anoche le robaron á la tía Colaoa. PBDEO (sttpKcaíiíeJ. jAbre, mujer, sea quien fueres, que no conozco tu voz! Soy Pedro, el que esperabais; el que vuelve de Cuba. ¿Qaién eres tú que no quieres abrirme esta puerta, la puerta de mi casa? Despierta á mi madre, y ella correrá á a, brirla. (La voz. Yo no despierto á nadie; el día vendrá, y entonces abriré. 1 PBI) EO (golpeando la puerta) No te marches, no me dejes... abre! I ten compasión de mí, si eres cristiana! lÁtinqué fuera un ladrón, deberías abrir esta puerta! ¿Me habré yo equivocado? ¿no será ésta mi casa? Pero sí es... BÍ es... y no quieren abrirme la puerta! ¡Si la pudiese arrancar con los pufips! ¡Pobre de mí! yo mismo afirmó, antes de marcharme al servicio, sus cerrojos. ¿Forzarla? ¡imposible! Yo mismo dije eátonces que no la forzaría nartie. (Golpeando nuevamente y con rabia la puerta) ¡Abrid, soy yo, soy Pedro! ¡No me oyen, no r- t H las casas, todo! ¡Qué bonito está con tantas estrellas encima! Hay pocos pueblos así; y tan llanos, ninguno. Me dan ganas de llorar y de reír, y se me ha ido de un vuelco la calentura. Allá, á la derecha, cae mi casa ¡Un cuarto de hora, sólo un cuarto de hora ya para abrazarles á todos! Me parece qtte les estoy abrazando desde aquí. (Animo, Pedro; todas las penas se acaban enestemuadol ¿Se ha torcido la torre de la iglesia? jPufio! ¡si es que me la tuercen las lágrimas! (Casa de aldea; Pedro, muy fatigado, llamando á la puerta. PEDBO. ¡Abrid, abrid; soy yo! No me oyen ¡Ciarol estarán todos como un os cepos. ¡Madre, madre! Golpearé en la puerta con juna piedra, (Pegando. Abrid; soy yo Ya oigo ruido... ya vienen. ¡Cómo me salta el corazón! ¡Qué despacio vienen! ¿Quién será? (Voz de mujer dentro de la casa. ¿Quién llama? Pedro, el de Cuba. PJEDEO. -Soy yo. ¡No es la voz de mi madre! Soy yo, r quieren oírme! ¡El día! ¿y cuándo vendrá el día? Cuatro horas, cinco horas aún. Con fiebre, eoiifrío ¡Parece que me falta la cabeza; se me nublan los ojos! Me echaré aquí, en el mismo umbral de la puerta de mi casa. Me envolveré en la manta. Esperaré. ÍEsperaráún cinco horas! ¡Y mi inadre está abí! ¡Pobre viejeciíla! Ella no me ha oído, ¿6 me ha oído. ¿Verdad, madre, que no me has oído? El frío de la noche me penetra los huesos, ¡y mi madre está ahí! ¡No, no se acaban las penas en el mundo! ¡Estrellicas, estrellicas que estáis encima de mi pueblo, qué tristes me miráis ahora! ¡Sois unos ojos, unos ojos de chicos y de mujeres, porque no os estáis quietas un instante! Parece que vuestro resplandor se me mete dentro; ¡pero qué frío está ¡qué frío! Me dormiré besando esta puerta, ya que no puedo besar á mi madre. (La besa) Qué sueño tan hondo se apodera de mí! (Su cabeza resbala, acariciando la puerta. Ma. áTe! (Al asomar la luz del día, indiferente álaspetias de esté mundo, Pedro está muerto. Le lia matado la helada. J o s í DE BOÜEE DIBOTOS DE MÉNDEZ B K I S G J