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No ya en el Diccionario de la Academia, pero ni aun en los Vocabularios jergales con tal acierto confeccionados por el abio antropólogo Sr. Salillaa, emconíramos admitida la palabra golfo. Como golfo mismo, la palabra signe en la calle, en medio del 1 arroyo, ain que los académicos se ocupen de la segunda más que para despreciarla, ni las antoridadea del primero si no es para descargar sobre sus costillas el bastón manicipal ó el chorro de la manga áe riego. Tipo pnramente madrileño, el golfo difiere bastante del pilluelo de playa de nnesíras costas, del femater de Valencia, del chico de la calle de nuestras provincias de segundo orden. Sólo la atmósfera de Madrid es propia para sostener esta absoluta y continuada vagancia de chicos y grandes que viven del sable y de la colilla, de propina, del rancho y de la limosna mal encaminada, lepra descarada que en los sitios más céntricos tiene su asiento y su campo de operaciones, que afea la ciudad, entorpece el tránsito y da á la corte de las Espafias tristísimo aspecto de ineducación y de pobretería. lío hay medio de recoger al golfo por mendigo, ni de encarcelarle por ratero, porque, en definitiva, no es ninguna de ambas cosas, aunque sea materia dispuesta para las dos. Como Venecia tiene sus palomas que la ciudad y el pueblo alimentan en la piazzeta de San Marcos, Madrid tiene sus bandadas de golfos que viven no se sabe de qué, de milagro. XJna voluntad bien encaminada, una beneficencia bien entendida podría sacar de cada uno de esos muchachos un hombre de provecho, un ciudadano útil para sí y para su patria, porque fácil es adivinar que no hay golfo tonto. El que en esa vida accidentada y maleante, de lucha sin tregua por el trozo de pan ó por el perro chico, no sucumbe ó se da por vencido, bien puede asegurarse que es un mozo fuerte como el hierro, sagaz como Caco y más listo que Cardona. Unas veces inspiran lástima, otras desprecio, ya mueven á risa, ya inspiran pena profunda en el ánimo de quien contempla esos seres de la calle, cuyos cuerpos de niño van vestidos con trajes de adulto, cuyas almas infantiles Sí