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EL MARQUÉS DE CUBAS Seremos acaso los últimos en el coro de postumas alabanzas al preclaro patricio muerto el 2 del corriente, mas no queremos que deje de figurar en nuestras planas como nota de informa ción de las más conmovedoras y simpáticas la manifestación de sentimiento y dolor hecha por el pueblo de Madiid al Cadáver de uno de sus más ilustres bienhechores. Pocas muertes, en efecto, habrán sido tan sentidas por todas las clases sociales de la villa y corte como la de D. F ancisco de Cubas y González. Y es que pocos hombres han hecho, como él, en estos tiempos, objeto de su vida el cumplimiento dsl bien lo mismo en lo público que en lo privado. La piedad era la nota característica del marqués de Cubas, quien, arquitecto como era, sentía el arte mismo á través de la piedad. Por eso cuando sus medios dé fortuna le permitieron atender solamente á su vocación, empleó su arte en la construcción de asilos y de templos, como empleó la mayor parte de sus rentas en obras de caridad que harán imperecedera su memoria. El entierro se verificó en la tarde del 4 de Enero, y. poco antes de la una era casi imposible transitar por la Red de San E X C M O S E D F E A S CISCO D E C U B A S Y GOlSZAlMX MAKQt És DS CUBAS Fotog. OUró Liaia y calle de la Montera, donde se aglomeraban infinidad de personas, comisiones de colegios, de hermandades y de obreros que iban para asistir al entierro del ilustre marqués. A las dos de la tarde, y en un modesto coche de tercera tirado por dos caballos, fué depositado el féretro, que era modestísinao también: de madera de pino forrado de bayetilla negra con cintas de algodón amarillas Púsose en seguida en marcha el fúnebre cortejo, el cual llevaba el orden siguiente: Sección de la guardia municipal á caballo; carretela á la gran Daumont y coche de la Fu neraria también á la gran Daumont, llenos de coronas; asilados de San Bernardino, colegios de San Antón, del Sagrado Corazón y de San Ildefonso, llevando todos los colegiales lazos negros y velas encendidas; niños de la Santa InEarícia y del asilo de Kaéstra Señora de la Asunción; estandartes de la Almudena y del Santísimo; numerosas comisiones de los obre ¡I K L P U B L I C O E N L A P Ü B E T A D B L S O L Y C A L L E D E L A MONTfllBA ros de la Almudena y de los círculos católicos; bomberos de la Villa; clero parroquial de San Luis con cruz alzada; piquete de Orden público; porteros del Senado y del Municipio; carroza fúnebre rodeada de porteros del Senado con hachones; presidencia del duelo, en la que iban el Nuncio de Su Santidad, el cardenal arzobispo de Toledo, los obispos de Madrid- Alcalá y Sión, D. Francisco Silvela, y en representación de la familia del muerto los Sres. Marqueses de Urquijo y de Aldama, y un mayordomo de semana en nombré de S. M. la Eeina. Pocas veces se ha visto en Madrid una manifestación de duelo tan numerosa y tan grande, en la que figuraban desde los hombres más eminentes en la política y en las artes, hasta los más humildes obreros. Instantáneas PASO D S L ENTIBEKO P O E L A P I T B E T A D E L FOT, del Dr. R. Briz