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11 Mientras esto tenía lugar én la Casa- Ayuntamiento de la villa, cabeza de partido, en el pueblo de Tejares de la Mata: se notaba á tiro de bala que algo extraño ocurría. Las comadres, á lapuerta de tal ó cuál casa, murmuraban en voz baja, mientras que los mozos en voz alta comentaban, á la puerta de la taberna y delante de la posada del tío Colas, la extraña detención del tío Máfiicas. De pronto, un pensamiento común sin duda agitó á aquellas gentes, corriendo por ellas coino yesca, encendida, porque todos casi á un mismo tiempo corrieron á la plaza de la villa, entrándose por el Ayuntamiento y preguntando por el señor alcalde, á quien lograron sorprender en su despacho oyendo deletrear á Manolo el secretario la orden dictada por el excelentísimo señor gobernador de la provincia. Cascaras ¿Qué es esto? ¿qué pasa? exclamó entre furiosa y asustada la autoridad municipal. ¿Qué buscáis aquí? Ya sus estáis marchando por las escaleras abajo si no querís que haga una sonada. Cumplir esta ordenfué el primer impulso de aquella masa de gentes, que venían en solicitud de explicaciones á su excelencia, y cuyo número aumentaba por momentos; pero el propio tío Oolás, que era persona de viso y representación en el lugar, dijo interpretando los deseos de todos y dirigiéndose al bueno del alcalde de Tejares de la Mata; -Señor alcalde, nosotros no venemos en son de aiborotaciones ni cosa ninguna; venemos sólo por saber, si saberse puede, por la cuál causa se halla detenío Felipe Tarasca, á quien todos conocemos en el pueblo por el tío Máfiicas, hombre serviciar como pocos y que pa tóos merecía el conceto de ciudadano honrao y amigo de la ley. y entonces el señor alcalde, D. Manuel Treceno, tirándose del chaquetón y empuñando su descomunal vara de fresno, dijo con acento de sermón y filípica: -El tío Mañicas ha sido detenío esta ráañana cumpliendo óidenes superiores ditadas por el señor gobernador civil; yo no debo ni tengo pa qué daros más explicaciones á la presente. A mí no me vengáis con esigencias, ni dichos, ni con reclamaciones y pataratas, porque aquí no hay más autoridá que la de un servidor, que está dispuesto á hacerla respetar. Y si me levantáis tanto así la voz, sus meto de patas en las cuevas de este escélentísimo Ayuntamiento pa que aprendáis á respetar á la autoridá. Hi dicho. -Bueno; pero, D. Manuel, es que miusté que Felipe mos es de necesidá á cuasi: tóos, se atrevió á replicar el tío Oolás; y añadió: yo le nesecito pa que avíe las mulas. -Que te las avíe el vitirinariq, replicó de nuevo su excelencia. -Pero usté no sabe lo que es el tío Mañicas, señor alcalde. -Lo sé, y mejor que tú. -jPus entoncesl Ahí tié usté á la tía Cándida: sin poder lavar, porque no tié qaien la lleve una. cuba de agua; don Damián tié los panales sin escarzar, y el arao del Sr. Garanda está sin componer, y qué sé yo, porque ese hombre era una alhaja. De toas partes le llamaban y á toas partes acudía. ¿Que á la caballería de Fulano se la ha saltao lái cincha? Pus él la componía en un santiamén. ¿Que no hay quien encienda los faroles ú guíe la deligencia ú eche una mano pa cortar este árbol ó mover una piedra? Pus allá está él más ligero que una corza. ¿Pero qué me vais á mi con cuentos, si lo sé mejor que vusotros? Las medias suelas que llevo en estas botas mé las ha echao él, y el farol que hay en el medio de la plaza él ha sío quien lo ha pintao. -Bueno; pus entonces, ¿por qué conceto le han detenío? preguntó el posadero. -1 Eso 1 ¡eso! ¡que se diga 1 ¡que se diga! clamaron cien voces á un tiempo. ¿Por qué conceto? Pus ha sío reclamao y detenío iporvagol- -1 Por vago I exclamaron admirados el tío Oolás y los que le seguían. ¿Por vago, y entendía de cuasi tóos los oficios? se preguntaban unos? ¿Habrá injusticia? gruñía una vieja. 0. -IQné vergüenza! decía un muchacho. -Es verdá, decía el alcalde; pero la ley es la ley; no tenía modo de vivir conoció, ni casa; ni hogar... pus ha ido preso por vago. Los chiquillos silbaban, los hombres discutían, las mujeres gritaban, y nadie se entendía; y en tanto el tío Coláay los suyos se iban retirando, cabizbajos y mohínos, repitiéndose entre asombrados y malévolos: -iQué atrocidál Por vagol ipor vago! ¡Oh sarcasmo I Y pensar que andan tantos tíos Mañicas por el mundo! DIBUJOS DE E S T E V A N FERNANDO CABELLO Y LAPIEDRA