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ó MAÑía ¡Buena me la habéis jugao! ¡canallasI ¡mala gente! ¡Verme á los sesenta y cuatro afios de edad encerrao en una cueva como cualquier criminal, como cualquier desalmao que saliese á robar en- meta de un camino! ¿A quién le he quitao yo náa? ¿á quién he hecho mal? ¡Canallas! ¿Y esto es justicia? ¡Intrigantes! ¡calumniadores! ¿Qué sus habrá hecho el tío Ma ñicas pa que le tratéis como á un perro? Y el pobre hombre lloraba lágrimas como puños, que lograban casi conmover al alguacil que le vigilaba, y que le miraba de hito en hito desde hacía ya más de un cuarto de hora. -No gima usted más, hombre de Dios, que tampoco le van á comer; y en cuanto sepan quién es usted, y sobre todo que no hay motivo para su detención, se volverá á su pueblo. ¡A mi pueblo! ¡Mi pueblo! Eso creí yo, que era mío; pero ya he visto que aunque yo soy de él, allí náa es mío, ni tan siquiera los amigos. Tóoa me han visto que salía, y naide ha bío pa preguntar qué me pasaba, ni pa salir fiador de mi presona. ¡Mentira parece! ¡Siembre usté trigo pa recoger cizaña! -Pero usted tendría su casa- -Yo no tengo náa mío, porque soy un probé, y los probes no tenemos náa propio; por eso sernos probes. ¿No dice usted que le conoce todo el pueblo? Pues en algún sitio del pueblo viviría usted. -Si se llama vivir dormir en una posáa, -en la posáa vivía. ¿Luego contaba usted con medios para su manutención y para pagar al posadero? -Pus no señor, porque el tío Colas, el posaero, me dejaba dormir en su casa bajo la condición de limpiar el ganao por la mañana, y además porque le traía á su casa arrieros y viajantes, entre los que yo había lograo acreditar la poaáa. -Entonces es usted mozo de cuadra. -Quiá, hombre. A las siete de la mañana era yo ya más libre que el pájaro en el campo; es decir, libre en tan y mientras no me necesitaban, que entonces adonde le llamaban iba el tío Mafiicas más alegre que un bautizo. Y ahora, éstos canallas ¡Bien, bien me la han jugao! ¿Conque yo no soy náa, ni sirvo para náa? ¡Claro! Como ya soy un viejo por eso se atreven conmigo. -Pero si después de todo va usted á estar mejor que estaba. Eso sí, tendrá que trabajar en el oficio que eUja. ¡Trabajar! ¿Y tú te crees que á mí me duele y que no sé cualquier oficio mejor que muchos? ¡Trabajar! ¡trabajar! Pero y el pueblo, ¿qué va á hacer sin mí? ¿qué voy yo á hacerme sin él? ¿quién va á llevar el pendón en las procesiones? ¿qué va á ser de las palomas del Ayuntamiento sin que este viejo las eche la algarroba? ¿quién va á tocar las campanas cuando el sacristán se ponga malo ú haiga que repicar gordo? Tú no me has conoció á mí, por lo visto. -No señor; yo lo único que sé es que si usted hubiera sido como yo ú otro como yo y hubiera usted ganado su jornal, no le hubiese sucedido nada. -Ya se conoce que eres joven y que no has, visto más que una raspa del mun io, y que no sabes que pa los que vivimos de los demás, la vida y la fortuna son los cangilones de una noria, que tan pronto están en el agua como en seco, y tan. pronto están arriba corno abajo. ¿Qué falta me hace á mí una soldada fija, si ganaba como y cuando quería? Y sobre too, tenía asegurao el pan sirviendo á los demás vecinos. -Según eso, ¿usted servía para todo? preguntó sonriendo él alguacil. -Eso que tú dices, ni más ni menos; y no te rías, que yo no miento ni atestiguo con muertos: que no hay sino preguntar por el tío Mañicaa en Tejares de la Mata, y á ver si hay uno á quien este viejo no le haiga hecho algún servicio. Todos los días, cuando no era el uno era el otro: Tío Mañicaa, que esta noche vamos de ronda; se me ha roto el puente del guitarro y no pueo tocar; á ver si usté me le compone Y pa la noche estaba el guitarro más fuerte y mejor que nuevo. Tío Mañicas, que á mi caballería le ha picao un mata buey y no hay quien la cure Pus allá va Felipe Tarasca á curarla, y en dos días marchaba el animalito más majo que en día de feria. Pus ¿y cuándo iban cazadores á la Solana? ¿qué hubieran hecho ni guardas ni ojeadores ni naide sin este probé? ¿Y el día de Santa Catalina, patrona del pueblo, que se puso malo el barbero, y ni el cura ni el sacristán se daban trazas pa ponerse las caras limpias ó ir en la procesión como cumple á sus presonas? En fin, qué sé yo, porque si empezase á enumerar toas las cosas que he hecho y los servicios que he prestao á too bicho viviente, no acabaría en un mes; que pa too ha estao y está siempre dispuesto el tío Mañicas, á pesar de sus sesenta y cuatro afios. ¡Y porque sí, porque le viene en gana á un gobernante, allá te va el probé vejete detenío! ¡Canallas! ¡mala gente!