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Sin embargo, el chico inás juicioso es chico al fin i! oyese en los primeros días del año la conjeturas de i- u- i miiir u- i i acerca de lo que traerían los Eeyes, y los proyectos I pal cados en la ventana ó la chimenea, no pudo menos ir 11 i la imaginación. También él deseaba que los Eeyes le r. i. -n ¿Por qué no se lo habían de traer, señores? ¿No había sido bueno el año enterito? Si pusiese su zapato en el alféizar de la ventana, ¿era justo que el zapato amaneciese vano como avellana vieja? Afortunadamente, la misma idea de equidad se había abierto camino en el espíritu de la madre de Eloy. Ella, que jamás salía, que se ponía á morir en las escaleras, se echó á la calle la tarde del 5 envuelta en su modesto coleto de, paño pasado de moda, y se detuvo en la tienda de juguetes. Cuando volvió á casa llevaba escondida una cajita plana de cartón. La escasez, al imponer el cálculo, destruye muchos gérmenes de poesía. ¡Qué no hubiese dado aquella madre por traer á su niño el fogoso caballo mecánico, la reluciente bicicleta, el caprichoso cinematógrafo, la locomotiva de vapor con ténder y vagón, raíles verdaderos y caldera de cobre! Pero layl eran caprir chos de media onza, diez daros, quince, y el bolsillo ae encogía aterrado. No, no; convenía que el regalo de los Santos Eeyes Magos sabios y doctos no faese una inutilidad, sino que coadyuvase á la instrucción del niño... Y la madre adquirió por módico precio un rompecabezas geográfico, nada menos que el mapa de España Así Eloy, jugando, afianzaría lo que ya había dado pruebas de no ignorar, pues en geografía llevaba el número uno... Levantándose á media noche dejó el huérfano su zapato entre la fría ceniza de la chimenea del gabinete, la única de la casa, encendida rarísima vez. Por la mañana saltó dé la cama, descalzo y tiritando, á ver si los Eeyes... ¡Sorpresa inolvidable I Sus majestades se habían dignado venir: allí estaba la dádiva, el obsequio... ¿Qué encerrará aquella cajita chata, tan B a con sus filetes dorados? M Eloy la cogió afanoso, se volvió á la cama blanda y tibia, y allí, con los brazos fuera y el tronco bien abrigado, desató la cinta y miró jAnda, corcho! Los Eeyes Jé habían traído un mapa... Como les constaba el comportamiento de Eloy, su costumbre de sabérsela... De todos modos, un mapa! Pch! ¿No valía más tm aristón ó una linterna mágica igual á la de Pepito Ponzano, que siempre la estaba refregando por las narices á los otros? Empezó Eloy á reconciliarse con los- Eeyes, al averiguar que el mapita era defpedazos y se desbarataba y volvía á arreglarse... Y ya levantado, tomado el café caliente, mientras mamá se preparaba para salir á misa, Eloy se divirtió, armó y desarmó el país, barajó á España cien veces, revolviendo á Zaragoza con Valladolid y á Salamanca con Vigo De pronto, meditabundo, interrumpió su tarea, é interrogó inquieto á su madret- -Mamá, te han engañado, ¡i; Jgl juguete está incompleto. Falta aquí mucha España. No encuentro la isla de Cuba. Ni á Puerto Rico Falta Españal Arrasáronse los ojos de la madre, y se quedó parada, con el velito medio prendar. Por último, encogiéndose de hombros: Esas tierras estaban tan lejos! -dijo. -Y ya no son de España, mira. Acierta el rompecabezas, porque ya no son. Allí murió tu padre... Eloy calló; una tristeza mayor que las habituales, desmedida, que no cabía en el alma de un niño, pesó un instante sobre su pensamiento, y con ademán expresivo apartó, rechazó el regalo de los Eeyes. DiBC es DE MÉNSBZ BBINeA EMILIA P A E D O BAZIN