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JUGUETES DE LOS REYES Si, señor, de los Reyes son los jagaetes que reciben en este dfa los nifios. La tradición ó coDSPJa es antiquísima, Sn origen, no estoy seguro, pero puede que sea la ofrenda que hicieron los Magos al Niño Dios, de oro, incienso y mirra El caso es que al conmemorar la Iglesia la llegada de ellos á Belén, la gente menuda vuélvese loca, queriendo adivinar los regalos que han de traerles los generosos Melchor, Gaspar y Baltasar. Tina noche, víspera de Reyes, ha sido la primera que todos hemos pasado inquietos y preocupados en nuestra vida. Una noche así ha sido la testigo de nuestros primeros esfuerzos para conciliar el sueño, ese snefio difícil antes de turbarse, después tantas veces alterado por la vigilia, el desvelo y el insomnio. La fábula ha envuelto á los simpáticos personajes del día en una aureola de sin igual desprendimiento. Provistos de largas escaleras recorren las calles, repartiendo por los balcones y ventanas ricos presentes y alhajillas preciosas. Ellos distribuyen sin tasa ni medida muñecas elegantes, que visten de seda lo mismo que las encopetadas señoritas gala y ornato de los aristocráticos salones como escriben los cursilómános cronistas; caballos de cartón, grandes, muy grandes, unos enjaezados con ricas monturas de verdad, otros tirando de coches, carritos y tartanas; figuras de polichinelas qae abren y cierran los brazos y tocan la pandereta, el tambor y hasta el bombo, como BÍ chicos de la prensa; primorosos belenes que se anuncian igaal que los gabiaetes amueblados en