Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
JLJSL B I El hallazgo de aquella carta amarillenta por el tiempo, en la que se adivinaba la falsilla para no torcerse, la letra hecha muy despacio y esmerándose, fué el relámpago que. muestra súbitamente el camino en la negrura de la noche. Al casarse había roto todos BUS papeles de soltera, escapando sin duda del destrozo el pliego que tenía entre sus manos, y que todavía conservaba una reminiscencia de olor á cera, tÓ 8 y flores cordiales. La dama recordó en- seguida una figura humilde y seria levantando sus ojos de car- ñero moribundo hasta ella por encima de sus talegas- de jovencita rica de provincia; y á pesar de su mal humor, de su situación angustiosa, abrió el mustio billete, y comenzó á leerlo. Era una declaración amorosa vulgarísima en sus conceptos y de estilo amane rado y pedestre, pero en la que balbuceaba un alma apasionada de verdad. La dama halló muy cómica la confesión, y de sus treinta años de mujer de mundo, de viuda elegante, de cortesana, cayó una carcajada sobre los tiernos renglones tirados á cor: del X J K IDICíiJL Imperio que habla conservado bajo sus bronces y caobas el papel inspirador. Inexplicables destinos de cada minutol Acababa de entrar en su gabinete sonriendo ante los criados, pero sintiendo aún el peso de las pupilas de todo el Madrid de buen tono preguntándola con elocuente expresión, durante su paseó en milord por el Eetiro, si tras la máscara de la indiferencia no se escondía la desesperación de la catástrofe insoluble; no hacía un momento, liiSre de testigos, á sus solas, libraba y rjigía considerando que deptro de dos días rojearían allí los inviolables sellos, y que su ruina, el desplomamiehto de cuanto constituía su aureola de reina de la moda seríala comidilla de los palcos del Real, entre, las risas contenidas por el telón levantado y la orquesta tocaüdo, Jr ahora conjurábase el peligro de imiproviso é iba á deber sil regeneración íio á ninguno de sus estúpidos adoradores, sino al mancebo que quiso un día darle su nonibre rindiendo á sus pies su futuro mortero. ¡Tenía gracial En el acto tomó papel y pluma y se dispuso á escribir. Pero quedóse de pronto meditahdo. Dirigirse á un hombre rechazado por elia, al cabo de diez años de no verle no habiéndole tratado nunca 1 También sacó en seguida la cabeza su desconfianza de mujer ha bituada á la intriga, tina carta nO se contesta; se finge Ho haberla recibido. Gol pe fallado entonces. Al cabo se sonrió; se ntiró instintivamente a u n espejo; sé halló llena aún de juventud, en ese sazonaraiéiitp tan atrayente de los treinta afios, y guardando el satinado cuadernillo en la carpeta y soltando el mango de calado hueso, exclamó con el acento satisfecho del qué espera er triunfo como el resultado del ¿ombate: -I Yo misma iré á pedír selasi í De pronto recogió su hilaridad, y la resplandeció el semblante de jibilo. En los dos lustros transcurridos desde quei leyó por primera vez aquella carta hasta la fecha, el estudiante de farmacia apasionado de ella sería ya un sefior boticario establecido en la provincia. El chico era juicioso, y el tío que le protegía de bastante buena posición. Estaba salvada; ya tenía las ocho mil pesetas que necesitaba para, conjurar la crisis pendiente sobre su cabeza, el vencimiento de los malditos pagarés del prestamista inabordable, blindado á las miradas de fuego y á los cabellos rubios! No pudo por menos entonces de clavar sus ojos con cariño éh el mueblecito