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-y a L mes melancólico y háraedo por excelencia. Principia trayendo á nuestra imaginación el recuerdo de los seres que hemos perdido, y termina con los acostumbrados derramamientos de sangre. ¡El cerdo inocente sucumbe á manos del- hombre I Al viudo liviano se le aparece en sueños la figura de su esposa, pálida, despeinada, con un ramo de azahar en una mano y en la otra una relojera. -Soy yo, le dice; soy aquella á quien juraste amor eterno. ¿Ves este i iio? ¿Ves esta relojera? Tú deshojaste el primero; yo te regalé la segun: bordada por mí, como prenda de cariño. ¿Qaé h a s hecho de nuestros amores, Eestituto? ¿Es verdad que anda? buscando un ama de gobiei no joven y bien parecida? Las viudas, en cambio, suelen caer en el más triste de los abati í mientos cuando la Iglesia celebra la Conmemoración de los Fieles Difuntos. Cada campanada es un dardo que va á clavarse en el corazón de la viuda infeliz. -i Qué esposo he perdido! exclama. ¡Qué ángel se me ha llevado Dios! -Ko piense usted en eso, doña Mariquita, suele decir alguna amiga cariñosa. T e n g o que pensar aunque no quiera. ¡Ay, Siró de mi corazón I ¿Era muy bueno, verdad? Buenisjmo es decir, tenía un genio muy fuerte, pero al momento se le a; es decir, al momento no, pero yo me había acostumbrado á su carácter; es decir, acostumbrarme no Y lo que habla empezado siendo un elogio calurosísimo, terminaba con la siguiente filosófica reflexión; ¡Dios le haya perdouado, pero el pobrecito era muy tozudo y muy déspota I- -Y m u y feo, añade la amiga. En Noviembre, el cielo se cubre de negros nubarrones que parecen querer decirnos: -Recógete en ti mismo, infeliz mortal, pues el invierno se aproxima. Piensa en la necesidad de adquirir un choubesky de lance para que te proporcione calórico relativo. ¿No eres aficionado á la soc edad, al recreo del alma? Pues haz que te presenten en casa de la viada de Oerato, el farmacéiitico, donde iniones todos los martes. Ya verás como te diviertes. Allí van las chicas de uillo, y las de TataiTCte, y las de Tripillín. Allí toca el piano, pero muy bien, el igapito UrcuUete, conocido por el primer ejecutante de la provincia de Cuenca ciudad, la juventud alegre, y aun la que no es juventud, se entrega á los placeres de la estación, tales como las tertulias, los teatros, el tute, los buñuelos y las Cortes. E n el campo oh, en el campo las cosas varían radicalmente! Para aprovechar la otoñada se ponen en los prados las reses, ora vacunas, ora, caballares, ora cabrías, dejando pasar el rocío de las mañanas para ijvte no se constipen ni tosan. Las ovejas dan á hiz en este mes, y lo primero. que hacen los corderinos es agnrj arse al pecho, digámoslo así, materno. ¡Qué escenas se desarrollan en las majadas! La oveja bala para llamar á su pequeñuelo con la solicitud y el acento propios de una tiple del género grande; el borrego, con ojos dulces, contempla á su esposa y al chiquitín, y no puede menos de exclamar en un balido cariñoso: -i Qué hermosa es la paz de la familia I ¡Cuan dichoso soy al, acordarme de que he nacido borrego y no hombre político! Y entretanto, el labrador cruel sacude la encina para apoderarse de las bellotas, y se las pone delante al cerdo inocente, que se las come con delicia, sin comprender que le están cebando para sacrificarle luego. El cerdo no discurre ni refiexiona, porque es atolondrado como una corista joven, y se entrega al placer de la bellota sin pararse á deducir las consecaencias de su voracidad. Pero el pavo loh, el pavo es un ser reflexivo y prudente I Se deja cebar, pero protestando en el fondo de su alma. -I Desgraciados! dice con lágrimas en los ojos contemplando á sus hijuelos, ¿Sabéis por qué os halaga el hombre y os colma de regalos? Porque quiere que adquiráis carne sabrosa para luego Irincarle el diente. Hijos míos, pedazos de mi corazón, dentro de un mes, ó quizás antes, se os rellenará, se os asará y seréis comidos con ó sin patatas. Los pavitos oyen estas tiernas frases, levantan la cabecita, mueven el moquito y siguen comiendo y suspirando al mismo tiempo. En el mes de Noviembre se aumenta la comida de las gallinas, dándolas gusanos, además del pienso ordinario, para que se repongan de la muda y preparen para una abunte producción; pero como las. gallinas tienen muy poco talento, toman por manifestaciones de cariño lo que son tan sólo m ó v i l e s egoístas y propósitos interesados del hombre ruin, y agradece á éste los gusanos, hasta el punto de dirigirle cacareos afectuosos siéínpre que entra en el corral. Y hay gallina bien educada que dice á sus hijos óiíando ve entrar al portador de los gus: mos: Niños: saludad á vuestro protector, que viene á obsequiarnos con golosinas. Desventuradas aves de corral! íin Noviembre también se recogen las abejas al invernadero, se registran las colmenas para ver el estado de sus almacenes, cosa que disgusta bastante á las interesadas, y se les ponen las sobrecubiertas de abrigo, ó como si dijéramos, se las arropa. En fin, en Noviembre, como en casi todos los meses del año, el animal y la planta son víctimas de la crueldad del hombre, para quien no hay más que una idea fija: la de comer; aunque alguno extiende su ambición á otro deseo tanto ó más vehemente: el de salir retratado en La Ilustración. LUIS TABOADA