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ALVB Octubre 1 Cuando tú llegas, plácido mes, la tierra, huérfana de míeses, parece pedir al hombre nuevo amoToso trabajo que la h -njiili y embellezca; haciéndole, si es codi (1- 1. iH usar en la riqueza; sí discreto, brin inl li la hermosa esperanza del deber cumPli. i... Tus mañanas frescas son propicias al estm- rzi) e la labor vigorosa: tus tardes apa. ¡l.li. i unvidan á la pasión tranquila, que se iin ¡p; cc en palabras y frases dulces, dichas citi dflii ia y escuchadas con ansia, para embe 1 ili l labio y regalo del oído: tus noches son ii s, p; ira que, compartidas con el amor y el sui fi i, li: iL: in iicn- ar á un tiempo en la felicidad y en la imiiTi... Tu, ni- ¡MiLTU- tti, ii- abas de sazonar las frutas preciadas en! a mesa U- l rico y Ii.i sta las prodigas para que pueda sabo l J. íA K 5 aJKSrCiJ 8 Í renrhw c pi. brc l ii llores, menos alegres que las de. Mayo, JP ÍS V- R j EBES iiMii p vi. ii. iK iiui- 1: H de Julio, son en cambio más dura. Si- í sií mt. n iti- ras; nivB ni ricjaii abrasar del sol, ni se doblan corona ilíii iir la iK- ciinlia. Tii. en lili, i- ri Si i iiilre del vino, segunda sangre de la vida, l.ii ui- ilÍ! curiiidM aiin las hojas de las cepas están verdes, p c n i u Iaru is tr M luis comienzan á enrojecerse y dorarse, a -a! tan la viña liuiir ires, mujeres y chicos que cortan los ii i i r: i ÍMi irJ, liiin- liiendo de ellos seras, canastas y esportoiien quo hacinan en iotj carrori y sobre los Ionios d e las bestias: pésanse después las voluminosas cargas, y arrójanse al lagar, donde los mozos, desnudos de pie y pierna, pisan la fruta, cuyo jugo corre en arroyuelos de a m a r a n t a d a espuma por entre las j u n t u r a s de las losas, perdiéndose á borbotones en los sumideros. Suenan entre tanto rudas voces de mando, alegres coplas y francas risotadas: cae el chorro al remostajior empotrado en el suelo; pásanlo de allí á las tinajas y echan en ellas la madre, compuesta de las heces para que fermente: óyese pronto el ruidoso hervor, vánse posando las impurezas, y á la Primavera, después de múltiples cuidadosos trasiegos, lo bebemos y paladeamos; unos en la jarra talaverana, otros en la copa bohemia, donde semeja granate liquidado. Quien de él n o abusa, se fortalece si es joven; si viejo, s e remoza, y nadie deja de alegrarse; mas quien lo bebe sin templanza, luego se iguala con la bestia y s e hace fiera, porque- -como dijo u n gran poeta- -la u v a se venga del h o m b r e q u e la pisó, subiéndosele á la cabeza y trastornando su razón: clara muestra de que h a s t a el más humilde y pequefio logra venganza del q u e parece fuerte y sólo es en realidad soberbio. Gratos son á la vista los campos primaverales cuando laS; yemas, rebosantes de savia, van estallando hasta cubrir y guarneeér las r a m a s d e tierno verdor, por donde la luz s e filtra suavemente: pero a ú n es el bosque m á s hermoso ci bierto el suelo de hojas secas q u e crujen bajo el pie, ceñidos los troncos de afelpado musgo y amarillentas las casi desnudas copas, q a e como soberbios ramos- forman arabescos d e oro, á q u e sirve d e fondo el azul pálido d e l ciéla Entonces la vaga tristeza de algo grande q u e va á morir seguro de renacer, se apodera del espíritu, y en él fondo de. corazón surge aquella plácida melancolía, inapreciable don d e l cielo, que embellece la pena, amansa, la irá, templa e l ardor y dulcifica la tristeza. Allí sé enseñorea del alma el incontrastable podejr de la Naturaleza, y adoramoía ai eterno. Fan, q u e hace surgir de la m e n u d a bellota l a encina colosal, y saca flores d e l estiércol; deidad universal por quien todo respira y vive. í- Bendito seas, Octubre, rey del Otoño, porque puesto entre los ardores del estío y lós fiíélos d e l inyiemoj represen- t a s l a madurez de la vida, distante por igual de la juventud arrebatada y de la vejez egoísta: tú eres Imagen de nuestra existencia, porque empiezas lleno de luz y acabas coronado de niebl 8. J A C I N T O OCTAVIO PICÓN