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Suplicó á Luis XVI que se presentara á sus cortesanos con una flor de patata como OMÍOMniere y los nobles, parte por curiosidad y parte por adulación, llevaron la patata á sus jardines. Más tarde, el filántropo pidió al rey numerosa guardia armada para vigilar el campo donde hacía sus experiencias agrícolas. Es de advertir que en el campo de Permantier no se fijaba nadie; parecía, pues, una preocupación ridicula la medida del sabio. Pero éste conocía el corazón humano como si fuera otra solanácea. Apenas vieron al pelotón de suizos guardando aquel pedazo de tierra, se despertó en los vecinos y transeúntes la curiosidad, luego la codicia, después el feo instinto de apoderarse de lo ajeno. y el día que le dijeron á Permantier que había sido asaltada su finca y robado su campo de patatas, derramó lágrimas de alegría y vio su triunfo asegurado. Difícilmente hallará el hombre otro fruto más útil, otro cultivo más fácil, otra planta más generosa y agradecida. Quizá por esas mismas cualidades la patata no es nadie. En el mundo, para ser algo, hay que hacerse temer. y nada tan inofensivo como el pobre y sabroso tubérculo. Ni usa la cascara como arma defensiva, ni gasta púas, espinas ú otros medios ofensivos, tan comunes en las demás especies vegetales. ün trozo de patata arrojado en la tierra de cualquier modo, germina y brota á los pocos días. Meses después la azada del labrador descubre fácilmente racimos y racimos de patatas nuevas, que pasan de la tierra al puchero sin más trabajo que el de la mondadura. JSIO es extraño, por consiguiente, que la patata haya vivido con vilipendio largos siglos. La humanidad cree á pies juntillas en un sofisma que dice: Lo que poco cuesta, poco vale. Error profundol Poco cuestan el aire y el agua, y sin ambos elementos no sería posible la vida. No diré yo que la patata sea el pan del porvenir, pero desde luego lo es del presente en Bélgica, Holanda é Inglaterra, donde la patata, por su consumo, es el primer artículo alimenticio. Con un poco más que nos quemen la sangre los tahoneros, fácil es que la patata venza al panecillo y vivamos ó comamos en paz hasta que surjan los explotadores del tubérculo. De todos modos, y ya que se piensa en la regeneración de España, el fomento de los patatares es oportunísimo. Si la producción excede al consumo, no hay que apurarse ni que pensar en la exportación. Porque hay que dar ahora tanto patatazo! Luis ROYO VILLA. ÍVOVA ¿tg í- ípr i i- y W ¡A r h Jkl v f f i. ¿í J: i- k