Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
f LA P A T A T A N verano, cuando todo sale de la tierra, la patata no sale, sino que la sacan. Hasta en eso es modesta, con la modestia verdad de los seres útiles. Todos los frutos brotan espontáneamente para recibir los honores del proscenio en la gran apoteosis estival, ya balanceándose en las ramas de los árboles, luciendo colores y exbalando aromas, ya empinándose en los arbustos y pugnando por apartar de sí las hojas que los ocultan á las caricias del sol. EDtre los grandes frutos útiles, solamente la patata se esconde, y hay que sacarla á viva fuerza para que comparta con los demás productos de la madre tierra los besos de Pomona y laa delicias del aire libre. De no conocerla, ¿cómo adivinarla? De no saber quién es, ¿cómo fijarse en el pobre tubérculo, de peor facha y de traza peor entre todos los vegetales? Más que redonda, es amorfa; mea que obscura, es gris; más que fea, es insignificante. La torpe humanidad hambrienta ha pasado siglos y siglos sobre la patata pidiendo á Dios el remedio que tenía bajo sus pies; en las grandes hambres de la Edad Media, muchos famélicos habrán dado á la patata con la punta de sus sandalias como si se tratara de un pedrusco más. Así es el hombre de ciego y de torpe. Tiene en su mano todos los remedios, y eternamente los espera de la fuerza sobrenatural; cree dominar á la Naturaleza, cuando el caer en la cuenta de algo útil le cuesta siglos y siglos de esclavitud, de novatada y de aprendizaje. El advenimiento de la patata representa una revolución económica y casi casi una revolución social; pero como esa revolución no es de las que traen sangre, la historia habla poco de ella. La patata es para los pobres la supresión del hambre y paia los ricos la esperanza de nuevas é impensadas delicias gastronómicas. -Sin embargo, pobres y ricos la declararon guerra á muerte desde el siglo XVI, en que el tubérculo vino de América (la patata tiene ese vicio de origen) hasta el siglo XVIII, en que se hizo general su cultivo, gracias á los esfuerzos y trabajos de Periaantier. Este ilustre bienhechor de la humanidad, obscuro y modesto como la planta con tanto afán prohijada por él, destruyó la leyenda popular que acusaba á la patata de venenosa y productora de la lepra y otras enfermedades. Pero acabado el odio, vino otra cosa peor: la indiferencia. Permantier la combatió con ingeniosos medios que ha vulgarizado la historia anecdótica. L