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ehreriUo loco, con sus dios veintiocho, dice la gente para recordar que ei vértigo del placer siempre es de corta duración, y el mes carnavalesco vuela más aprisa que ninguno. ¿Nunca os imaginasteis al mes de Febrero en figura concreta, materializado, hasta con su sexo y eda l correspondiente? Yo sí. Hay meses varones y meses hembras. Enero es varón, rugoso, caduco, displicente, de escarchada melena y barbazas fluviales; varón también Septiembre, viñador robusto, sanguíneo, embadurnado con las heces del mosto. Por hembra, por doncella pudibunda, con las manos colmadas de azucenas y envuelta en fino manto verde, tengo á Mayo; y por hembra, pero romántica y traviatta, á Febrerillo el de la breve vida. Un gabinete particular. Las bujías, casi consumidas ya, arden despidiendo claridad más intensa. El mantel muestra afrentado su candor con manchas de vino; las servilletas, arrugadas, andan por el suelo. Pétalos de rosa y violetas marchitas se mezclan con caparazones de langostinos en una fuente; habanos á medio fumar descansan en el reborde de los platillos. Un abanico de nácar y oro hecho trizas, se reclina en una botella de Champagne vacía del todo. Al través úe la puerta penetran en el gabinete los últimos acordes de un vals libertino y á ratos soñador. Y en el diván, una pierna sobre otra, alzando la copa coronada de espuma, ríe Febrerillo- -una mujer hechicera, sonrojada de fiebre, rubia á fuerza de tintes, con la boca untada de bermellón, -hermosura artificial, falsa, y sin embargo atrayente como el abismo Abierto el dominó de raso negro, echado atrás el capuchón, descubre otro disfraz más provocativo y orgiástico, el traje de Locura, cuyos cascabeles de plata tilintean á cada movimiento de la gentil cabeza, á cada quiebro de la cintura flexible. La carcajada, que asciende por la garganta en ondas de sonido rnás argentinas que el repique del cascabeleo, resuena mezclándose á los ecos del vals, y el compañero casual de la fugaz y seductora Locura, ebrio, más que del vino espumante, de aquella risa insensata, cae como muerto para no despertarse hasta que blanquee los vidrios un reflejo lívido del amanecer... Así se aparece Febrero en las antecámaras y salones del vicio. Pero vedle en el templo, donde se arrodilla la flor de Jessé, la madre del Verbo, llevando en ofrenda de pobreza dos tórtolas. Vedle en el altar de la familia. Encendidas están las Candelas al pie de la imagen de la Virgen, y al lucir su llama, un rayito de claridad sobrenatural disipa las confusas tinieblas del Lirnbo. Las criaturas encerradas allí se estremecen de gozo, envuelto en aquel rayo han creído ver el amado rostro de su madre, oir la voz mimosa que los arrullaba en la cuna; sobre sus labios descoloridos ha caído una gota de leche del dulce seno; es la Vidaquelos llama a s í Pero la Candela se consume, se extingue, y las almas de los niños muertos se difuman otra vez en la penumbra crepuscular del Limbo, sin penas ni felicidades En las profundidades de la floresta, el día de la Purificación, celébrase solenme ceremonia. El primer espasmo, la primer ráfaga germinal, el primer hálito suave y fecundador, cruza en tal día besando las ramas aún despojadas de verdura, donde todavía no desabrocharon las tiernas yemas y los pálidos brotes. Sobre la grama impregnada d. e rocío, en los recodos verdosos tapizados de blando musgo, en la oquedad del tronco carcomido por lósanos, se improvisan capillitas para los desposorios de las parleras aves. Al amanecer la Candelaria, cásanse la azul golondrina, el pardo pechirrojo, el jilguerillo de arpada lengua, el poético ruiseñor, la dorada oropéndola, la gris alondra, el mirlo de alas de azabache... Un epitalamio de gorjeos y de pitíos melodiosos brota de las profundidades de la selva. ¡lo, Himeneol Pero al salir la luna, misterioso silencio nupcial cae sobre las frondas... Febrero trajo las bodas; Abril y Mayo mullirán los nidos y criarán el sustento, las larvas y los gusanos, para alimentarla prole. Así, desde el segundo día de Febrero- -el mes en que conmemora la Iglesia la Luz milagrosa, trina y una, mística repi- esentaoión de la Trinidad, -la Naturaleza ha quebrantado la cárcel del Invierno; la estación feliz ha entonado otra estrofa del eterno poema. EMILIA PARDO BAZÍN