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o hay galas en el campo cuando comienza el año; pero bajo la aridez aparente de la tierra, bajo el blanco manto de nieve que suele cubrirla, se abrigan los gérmenes de vida que brotarán lozanos cuando llegue la Primavera, y hay que cuidarlos y protegerlos para ayudar á la obra fecunda de la Naturaleza. E n el hogar continúan las fiestas de familia que comenzaron en Nochebuena. El día primero del nuevo año es de alegría y de ilusiones; de esperanzas que se formulan por seductores programas, y de propósitos de enmienda que confirman el adagio que dice que el infierno está empedrado de buenas intenciones No habría nadie malo si realizase todo lo que se propone hacer cuando al despertar el día primero de Enero dice, arrojándose resueltamente de la cama: ¡Año nuevo, vida nueva I ¡Vida nueva con el hombre viejo! con los hábitos adquiridosl ¡con las costumbres arraigadas! Esto es tan difícil como regenerar la patria con los programas que políticos gastados y desacreditadísimos han lanzado á los vientos después de nuestras tremendas desgracias nacionales. Pero hay que dejar que siquiera por un día triunfe la encantadora revolución de las ilusiones. ¡Demasiado pronto vendrá la realidad, que es el golpe de Estado que la destruye! La fiesta de Reyes, que es uno de los regocijos de Enero, da motivo á las expansiones de los niños, alborotados con ¡os juguetes que han recibido de los Magos, y á la vanidad de los maj ores, que acuden al Real Alcázar con todas sus cruces y veneras. Juguetes en la. infancia, bandas y bordados en la edad madura. ¿Qué más da? En todas las edades es el hombre aficionado á lo que brilla, y la verdadera dicha sólo reina en el hogar donde, en paz y en gracia de Dios, con alegría y cariño, puede comerse la torta de Reyes partida en pedazos por el más anciano, para que todos busquen la codiciada haba que h a de proporcionar una corona, que si es efímera y no muy deslumbradora, carece, en cambio, de espinas. Estas fiestas del hogar son las únicas alegrías verdaderas y positivas de la vida, y el recuerdo que de ellas guarda. mos en el fondo del alma serán, al avanzar en el triste camino de la existencia, dulcísimo consuelo. El labrador no descansa en Enero, como no descansa en ninguna época del año; durante las primeras horas de lae largas noches y al amor de la lumbre, compone los aperos de la labranza, arregla lo que destruyó el uso constante, lo prepara para que vuelva á servir cuando sea preciso. E n las mañanas tristes recompone las horcas, limpia el barro de los caminos por donde han de pasar sus carros y sus yuntas, hace desaparecer los baches rellenándolos de guijos y arena, y en esta tarea encuentran ocupación los brazos ateridos por el frío, y un medio de ganarse un jornal los pobres que tienen que llevar á su familia el pan de cada día. A la tierra hay que cuidarla, para que produzca, como á la dama más remilgada, y el estiércol es su manto de pieles, el que la abriga y la conforta para que no perezca la semilla que palpita en su seno. Es ocasión de podar los olivos, cuyo ramón tanto gusta al ganado, y de cortar las ramas inútiles de los árboles que han de dar durante el estío bienhechora sombra. Si en los Estados se aprovechase todo como el labrador aprovecha el estiércol, y se prescindiese de todo lo inútil como se hace en la poda, otra sería la suerte de las naciones. Enero, que es en la ciudad uno de los meses más brillantes para los salones, es en el campo el mes más animado en los establos. El establo es el salón del ganado, su refugio contra los hielos y ¡os fríos, y sobre la blanda cama de caliente estié- col reposa el buey que ha de tirar del carro ó del arado, la vaca de cuya ubre saldrá el más provechoso y benéfico de los licores, ia oveja que dará luego á la industria su manto de lana, y en el rincón mejor preparado y más confortable establecerán sus cuarteles de invierno las gallinas, que poco después de mediar el mes, después de celebi- ada la fiesta de San Antón, cacarean alegremente para anunciar que ponen el huevo de yema de oro y de sustanciosa ciara, con el que la cocinera prepara sólidos alimentos y el repostero hace deliciosas golosinas. Al finalizar el mes ya se pueden encontrar al aire libre hediondos y aliedoros, narcisos y anémonas y alguna violeta temprana que viene á anunciar que nada muere, y que á aquellos días de aparente aridez sucederán otros de galas y alegría. Enero, frío ó templado, pásalo arropado dice e ¡refrán, y hay que seguir su consejo; como otro muy sabio que enseña que de Enero á Enero, ei dinero es del banquero para desengañar á los incautos que buscan la fortuna en el juego. No hay que olvidar tampoco que el p o l l o d e Enero, en San Juaii es comedero para tener presente q u e t o d o l o q u é de bueno hagamos hoy, nos ha de ser útil y provechoso mañana. KASABAL